domingo, 25 de noviembre de 2012

Más acuerdos: La fuerza inédita del voto de opinión


Se necesitan ambientes democráticos más dinámicos, que posibiliten consensos, que den relieve a la movilización civil voluntaria sin amarres, que impongan el discurso y las ideas sobre el panfleto y la dádiva. La política regional registra un hastío de las imposiciones de poder por poder y del ensimismamiento que genera la plata.

Un ejemplo reciente que tuvo lugar en la elección presidencial de Colombia cuando se conformó el grupo de precandidatos autodenominado los quíntuples propuso un escenario inédito en la historia política del país, en la que representantes de distintas vertientes ideológicas de la nación  crearon un estadio virtual para ventilar los problemas estructurales de 8 años de “seguridad democrática” y proponer caminos esperanzadores para Colombia cumplida la primera década del siglo XXI. Muy a pesar de la disminución del grupo, los resultados al forzar la dictadura de opinión ejercida desde el gobierno, alentaron caminos para la democracia nacional.

Asi mismo, debe ser de buen recibo en La Guajira escuchar voces distintas que rompan el unanimismo perverso propuesto desde la magistratura que se ejerce desde el poder. Ediles, Concejales, diputados, alcaldes, candidatos y aspirantes esperando el 2 de febrero para ser santiguados con el agua bendita de la “marina”, en esta oportunidad quedaron aplazados, dado que el inusual propósito de alternativa en política surgido de sectores divergentes, “enredó” el ajedrez y las matemáticas del poder.      
  
La necesidad de que existan muchas candidaturas con igual suma de propósitos es el estadio del pluralismo político, urgente en sociedades con escaso nivel de participación para que el debate fecunde espacios de formación política y rompa con el cliché de poder que aconducta y aliena a la sociedad imponiendo modelos perversos cifrados en la incorruptibilidad de los sistemas.

No habrá cambio en La Guajira si nuestras decisiones electorales siguen sujetas a los contratos, la nomina estatal y las presiones de grupos sin ningún discurso de propósitos por el desarrollo de la región. Hay que generar una supremacía del voto de opinión sobre el voto amarrado.

Para encarar este debate no podemos perder de vista el abstencionismo histórico de La Guajira, apreciando los resultados de las elecciones territoriales del 2007 en el caso de gobernación por ejemplo, de los 402.098 guajiros aptos para votar, concurrieron a las urnas 204.999, es decir un poco más del 50 por ciento; en el caso de los resultados a alcaldía, para Riohacha de los 79.333 mayores habilitados para el sufragio, votaron 45.469, es decir el 57.31 por ciento, no votó.     

El Centro de investigaciones socio jurídicas de la Universidad de Caldas en el año 2005 promovió un estudio cuyas principales conclusiones son aplicables a nuestro contexto social y electoral. Puntualiza el estudio que existen dos grandes rubros de personas que integran la abstención: el grupo de los abstencionistas estructurales y los abstencionistas voluntarios. Los primeros, son aquellos que se abstienen en razón de su poca integración con la sociedad, por lo que carecen de formación y cultura política, están marginados y por ello no votan; y en segundo lugar, aquellos incluidos cuyas razones para no votar, no escapan a su voluntad.

Sin adentrarnos en un sesudo estudio comparativo se puede apreciar el gran número de ciudadanos en la Guajira que desconocen la mecánica electoral simple de cómo votar, inclusive no sorprende conocer el caso de profesionales que nunca han hecho uso del derecho al voto y lo afirman sin ningún asomo de remordimiento. Existe la plena convicción de que el voto no ejerce ningún poder sobre el estado de cosas que reflejan la realidad económica, social y cultural de la región, y por tanto, no influye de manera determinante en generar desarrollo en su territorio. 

Entre tanto la abstención seguirá siendo un problema estructural de la sociedad, consecuencia de una falta de cultura política, una exclusión social y económica, una deslegitimidad de gobiernos y una falta de garantía acerca de la eficacia del sufragio como participación política.

En consecuencia bienvenido todo propósito que inunde de reflexión a la sociedad, que empiece a permear esos lugares donde el abstencionismo se ha enquistado, donde la desesperanza ha anidado en el corazón de quién vota, que incentive causas rebeldes, que de sentido a las utopías y de esta manera, poco a poco iremos descubriendo nuevos caminos para romper el saco.  

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