Escribo desde el confinamiento esta carta de agradecimiento a ASAA, antes Aguas de La Guajira y antes de antes, Aguas 2000. Mi complacencia es por las 4 horas de agua a la semana que me permiten llenar la alberca y racionar su consumo para 7 días. Mis agradecimientos se los hago extensivos al alcalde como responsable del servicio y a su diligente equipo de trabajo.
La programación de ASAA consulta
todos los protocolos de bioseguridad y asistencia psicológica para el usuario
por que tiene incidencia como terapia de confinamiento, en tanto que equilibra
la paciencia, ofrece una pedagogía de la espera y ocupa el tiempo de ocio del
fin de semana como actividad complementaria del descanso.
Estos agradecimientos los hago en
nombre propio y no representan el pensamiento de la ciudad, por que solo me
sucede a mi y por ello mi tributo y gratitud. Recibo con complacencia cada
comunicado, y en cada letra veo la expresión autentica de la responsabilidad social
corporativa: El agua escasea en verano, por que es tiempo de sequía; pero
cuando llueve también escasea por que el torrente aumenta y se producen daños,
todos los años en la misma dársena, en la misma bocatoma y ellos en su
misericordiosa responsabilidad nos lo cuentan para que tengamos tranquilidad.
¡Vivimos extasiados en una permanente alerta naranja!
La paciencia se fortalece en los
sendos intentos cebando la turbina para competirle a la vecindad que también
activan sus maquinas para chuparle el agua que se resiste a dejar la tubería.
Mis ojos se iluminan con el gorgogeo de la esquiva presión, con los amagues y
el goteo, su mezquindad es insinuación para que siga insistiendo, en cualquier
momento de la madrugada llega y puedo entonces dormitar un ojo y el otro
sostenerlo en la espera, en la constancia, en el gota a gota, hasta que se
llene.
No tiene precio esta operación
semanal, así el agua llegue mona y no sea potable. Suficiente debo tener con
que alcance a llenar la alberca. Este es un sacrificio inmerecido que me
permite escuchar como grillos el trino de las turbinas de los patios vecinos,
un ronroneo musical que contamina mis sentidos, tan sincrónico como un
reggaetón.
No puedo dejar de celebrar como Ali
Baba junto a los 40 alcaldes elegidos popularmente desde 1988 que hace 5 años una
ley nos elevó a Distrito. Sin agua, sin empleo, sin calles, sin alcantarillado;
con más alumnos que colegios y más hambre que trapos rojos. Dura es la ley,
pero es la ley. Tenemos los mismos problemas del comienzo, pero nos consuela el
rutilante título de marques que nos da la condición de Distrito y ello conforma
nuestra felicidad. Gracias Vieja Mello, por tus hijos y por su obra.
Anticipo mis sinceros agradecimientos a la empresa, sus dueños y sus
socios -incluido el alcalde-, nadie nos había dado tanto en 32 años, que la
Virgen los ilumine en tan encomiable misión. Espero finalmente y confío que el
Concejo Municipal les conceda facultades amplias y suficientes y les otorgue la
máxima distinción por su denodado compromiso con el bienestar de esta sociedad,
que por fortuna los parió.
Atentamente,
Angel Roys Mejía
Usuario complacido y feliz.
2:30 am, domingo 26 de julio de 2020.
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