@Riohachaposible
Un intercambio de trinos con el Representante
guajiro Alfredo Deluque, la opinión del académico Jorge Orlando Melo en el
diario El Tiempo del pasado 27 de marzo sobre La Corrupción útil, la histórica expresión
del ex presidente Julio Cesar Turbay sobre la corrupción en sus “justas
proporciones” y la expresión de uno de los primos Nule donde afirma que la “corrupción
es inherente a la naturaleza humana” imponen diversas interpretaciones sobre la
esencia de la mermelada.
En el caso de La Guajira 460 millones para el
Festival Francisco el Hombre, 12 mil millones para saneamiento en el municipio
de San Juan y 44 mil millones para el acueducto de Riohacha – que tenía
entendido según lo informado en las jornadas de socialización de la empresa
contratista, corresponden al Plan departamental de Agua y por ende al empréstito
suscrito por el departamento- sin embargo constituyen la respuesta del
representante cuando se cuestionan los resultados del gobierno de Santos en La
Guajira. En el conversatorio organizado por los jóvenes en Anas Mai ratificó su
postura pro-mermelada, indicando que si es para beneficiar a La Guajira, “que
venga más mermelada”.
El académico Melo en su documentada exposición de
motivos infiere “que impedir que el presupuesto se distribuya con criterios políticos,
es debilitar la democracia”. Forzado análisis que resulta de comparar el modelo
de reforma política implementado en los Estados Unidos cuya esencia es que el
presupuesto cumpla una función de beneficiar a todos y no se quede en las manos
de unos cuantos.
La versión colombiana le sale al quite con los
sendos carruseles presentes en cada región donde los contratistas son dueños de
credenciales y de alcaldías y gobernaciones. En reciente informe de la Silla
Vacia por ejemplo, se da cuenta de cómo el binomio Ñoño Elias y Musa Besaile
orquestaron junto al presidente candidato arrebatarle por capricho al uribismo
sus nichos en Córdoba y en el bajo Cauca, distribuyendo con milimétrico cuidado
la mermelada en municipios de estas regiones en proyectos que en más de las
veces ni siquiera estaban registrados como necesarios en los planes de
desarrollo. Esa mermelada toxica que convierte a dirigentes sin iniciativa
legislativa, sin debates de control, sin discurso y acciones para el bien común
en políticos de talla nacional emulando y superando votaciones como las de Robledo,
Serpa o Navarro por citar algunos, indica a todas luces que la mermelada dista
de la corrupción vista en positivo por los analistas.
Se debilita una democracia cuando el presupuesto
publico contribuye a conformar fami – empresas electorales que escrituran a
punta de compra de votos y favoreciendo alcaldes de municipios pobres el poder local;
se perfila de manera macabra el juego electoral cuando las alcaldías y
gobernaciones se obtienen pignorando los presupuestos a contratistas y a los
dineros de las mafias del narcotráfico y el contrabando; se sepulta la
esperanza cuando en cada elección se escoge el nuevo futuro rico y el interés ciudadano
es traicionado por un nuevo o viejo dirigente promesero.
La mermelada
tiene enferma regiones enteras como el Casanare, el Pacifico completo y los territorios de donde son oriundos los dirigentes premiados con el dulce sabor del
presupuesto, porque es en ellas junto a La Guajira, donde se configuran las
cifras más escandalosas de desigualdad y pobreza.

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