@Riohachaposible – Angel Roys Mejia
En 1995 un grupo de entusiastas empresarios
venezolanos presentaron una propuesta destacada por medios nacionales como El
Tiempo que buscaba construir en un año un acueducto regional para beneficiar a
los municipios de Maicao, Uribia y
Manaure financiado en un 80 por ciento con recursos privados cubriendo una
tubería de 116 kilómetros desde el rio Guasare en el Estado fronterizo del
Zulia, en ese entonces con un costo cercano a los 25 mil millones de pesos, más
o menos el costo anual hoy para el Estado, del mantenimiento de la Represa del
Ranchería sin entrar en funcionamiento. El
proyecto finalmente se hizo pacotilla en los protocolos binacionales.
Desde entonces y desde antes se
ha venido haciendo pacotilla la fundamentación de un propósito político
definido de frontera en un país que empezó a refundarse escondiendo las
semillas en todo el centro y oculto en las montañas.
Por la misma época se protocolizó
la conformación de una asamblea binacional fronteriza con participación de
diputados zulianos y guajiros con una ambiciosa agenda de gestión. Pasado el
tiempo la conjugación de voluntades se convirtió en un parapeto para beber
wisky cada dos meses rotando el lugar de la francachela.
Riohacha y el Molino a la luz de
la ley 191 de 1995 se constituyeron en Unidades Especiales de Desarrollo
Fronterizo con el objeto de facilitar la integración de las comunidades
vecinas, fomentar el establecimiento de actividades productivas y el
intercambio de bienes y servicios e impulsar la libre circulación de personas y
vehículos. De tal condición se ha aprovechado de modo residual y coyuntural la
internación de vehículos venezolanos en los dos municipios, todo lo demás ha
sido un saludo a la bandera.
Entre tanto, la Universidad de La
Guajira con más de tres décadas de fundada mantiene inminente su postura de
darle espalda a las naturales condiciones de su entorno, sigue remando en el
desierto y es difícil encontrar una tesis o investigación de sus doctores y
maestros- cuya formación nos sigue costando a todos- que verse sobre el neurálgico
tema de fronteras. Esto quedó en evidencia en el pasado ciclo de conferencias
promovido a propósito de los 50 años del departamento, cuando la experta en
temas fronterizos de la Universidad Nacional, Socorro Ramírez indicaba con
desconcierto esta falencia de la Universidad fronteriza de La Guajira. Todo
esto, a pesar de la fuerte nómina de
doctorados y maestrías cursados en universidades del Zulia que hoy orientan la
academia peninsular.
Los guajiros nativos y los
migrantes históricos han desarrollado una actividad comercial con las islas del
caribe y con plena conciencia del potencial existente en las 24 repúblicas
independientes constituidas y con las que se comparte natural vecindad.
Con buena mar desde los puertos
de La Guajira se puede llegar en 8 horas a Aruba. Mientras que para ir a la
capital del país, por tierra a pesar de la inversión en infraestructura vial,
toma más del doble de este tiempo. Sin embargo, el modelo centralista y la
corta visión de la dirigencia regional que sigue obsesionada con las regalías y
la displicente idea del servilismo institucional, siguen con el empeño de
ponerle la cara al nordeste, solo para dormir el sueño de los justos. El vuelo
directo a Aruba y Curazao inaugurado hace menos de un lustro y que categorizaba
el carácter internacional del Aeropuerto Almirante Padilla de Riohacha sigue
suspendido, otra muestra de los pocos pasos que se dan adelante y los muchos
para atrás de otra pieza de la danza eterna de los cangrejos a la que seguimos
sometidos.
La fama de contrabandista ha
hecho quedar a los guajiros con el peso del remoquete pero sin sus ganancias.
Del negocio del combustible por ejemplo, del cual según el Plan de desarrollo
del departamento entran a Colombia cerca de un millón de galones de gasolina
moviendo una cifra cercana a los 500 millones de dólares por año, hoy descollan
la economía de poblaciones a lo largo y ancho del Cesar y en consecuencia en
Cuatro Vientos a dos horas de Valledupar, se consiguen distribuidores de
pimpinas ingresadas ilegalmente a un precio más bajo que en Cuestecitas en La
Guajira.
En los límites con el Cesar, en
la Paz el galón de gasolina vendido en surtidores cuesta mil pesos menos que en
las estaciones de Riohacha y Maicao. Todo el combustible entra por las vías de
La Guajira a pesar de los múltiples retenes que operan como bisagras, que solo
suenan cuando no se “engrasan”.
Aún persiste en el paisaje
fronterizo de La Guajira la especulación cambiaria notable desde el combustible
que se consume hasta en el pan venezolano que se vende indiscriminadamente en
las carreteras. Hoy ni siquiera existen indicadores del creciente turismo de
coyuntura que se desborda en centros de comercio de Maracaibo, en las playas de
Margarita o en el uso del barato puente aéreo venezolano para viajar a otras
latitudes.
Ni este ni los gobiernos
departamentales recientes se ha ocupado de establecer relaciones con el vecino más
próximo como es el Estado venezolano del Zulia. Un consulado en Riohacha que es
ocupado solo para protocolos, visados, permisos y fechas patrias; desestiman
una oportunidad de elevar alianzas comerciales, institucionales, turísticas y
de un gran ámbito, que a quien más favorecería seria a La Guajira en los
potenciales renglones de intercambio.
En el plan de desarrollo 2012
-2015, frustrado desde sus inicios por la abrupta salida del gobernador se
señalaba como paradoja perpetuada para todos los tiempos: “La frontera compartida entre el Estado Zulia y La Guajira siempre ha
estado inmersa en la incertidumbre que se genera de la dualidad de la integración
- conflicto, negociación - crisis de cada una de las naciones. La Guajira, como
frontera se encuentra limitada por la no correspondencia de modelos de
desarrollo en lo económico y las incompatibilidades de los intereses de las
naciones.” Y a renglón seguido se ocupa el documento de la criminalización
de la frontera con aspectos como el contrabando y el narcotráfico, fenómenos
que siguen imponiendo la agenda política, financiando campañas y perfilando
dirigentes.

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