La Universidad de La Guajira uno de los logros institucionales más importantes del departamento en sus 50 años de vida administrativa, con resultados de impacto en infraestructura y también en lo académico, ha pasado de agache en la profunda crisis que afronta la región.
En los dos períodos recientes de su gestión quisiera el colectivo social percibir al Alma Mater como el tanque de pensamiento, reflexión, debate y propuesta de la crisis y no simplemente como la carga ideológica que pretende promocionar a su rector y funcionarios como dirigentes indispensables para el gobierno de lo público.
El conocimiento acumulado en los 40 años de funcionamiento de Uniguajira en materia de investigación, en el financiamiento de Doctores, Maestros y toda clase de postgrados, le harían muy bien a una sociedad en crisis que urge presupuestos científicos para empezar a superar sus escollos. Allí escondida se pierde el fin primero del Alma Mater y el reiterado eslogan de “academia con proyección social”.
Más de 10 mil profesionales surgidos de sus entrañas receptores de la esperanza de familias y comunidades enteras es un capital social invaluable para La Guajira. Tesis inspiradas en ejercicios académicos orientados con el objeto de aportar al desarrollo social, económico y comunitario hoy no pasan de la mecánica académica de la nota sin ningún estímulo adicional para que documentos laureados sirvan al entorno social como experimentos para solucionar tanta problemática presente en el departamento.
Ante la andanada de artículos, ensayos y posturas de toda clase de expertos del centro del país definiendo hambre, sequía, crisis fronteriza y hasta la corrupción; ha hecho falta la mirada propia con indicadores levantados en el rigor de una academia apropiada de su entorno. La Universidad debiera poseer el pasaporte a la realidad de La Guajira, debe ser la fuente en la que se confronte su problemática y muy seguramente el deporte nacional de especular con el presente se enfrentaría al dique del conocimiento, a criterios de verdad esbozados con método científico y con profundo trazado cualitativo y cuantitativo.
La Universidad tiene el imperativo moral de superar la impertinencia de haber otorgado un título "honoris causa" a un gobernador cuestionado que posteriormente fue destituido. Sobreponerse a la dictadura impuesta por la politización de su campus y aprovechar la coyuntura para empezar su posicionamiento como claustro del saber y desarrollo de La Guajira.
La Universidad cuando interioriza su papel en el desarrollo posibilita ejemplos como los institutos para investigación pública que permitieron que los "Tigres asiáticos" cerrarán la brecha tecnológica con respecto a los Estados Unidos y Europa Occidental. O como lo señalan las conclusiones de la Unesco en la Conferencia Mundial sobre Educación Superior celebrada en París hace casi dos décadas "procurar cada vez más poner la enseñanza universitaria y la investigación al servicio de objetivos económicos y sociales determinados." Para que ello prospere, la principal conclusión es que la Universidad impulse el diálogo permanente con los actores de su entorno, es decir el alma de la academia es justamente la proyección social real.
O como bien lo señala el profesor de la Universidad del Tolima Francisco Parra Sandoval en Razón Pública "El papel de las Universidades ha cambiado. Ahora, además de formar profesionales, ellas enfrentan el desafío de ofrecer respuestas coherentes a las necesidades y exigencias de la sociedad". La sociedad Guajira estigmatizada por el hambre, la corrupción, la desidia y el enclave minero impone que Uniguajira comprometa su alma en la búsqueda de salidas a la crisis.
*Articulo publicado en el portal guajirapress.com


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