viernes, 8 de enero de 2016

Metamorfosis de la Frontera.




Pese a las cifras oficiales, no se sabe, como era de esperarse, cuantos venezolanos han ingresado a Colombia mas que por la crisis de la revolución bolivariana, por la oportunidad de trabajo fijo o temporal en actividades tan diversas como las que los colombianos ejercían allá en la época de oro del bolívar.

En los boletines migratorios del Ministerio de Relaciones Exteriores,  del último semestre del 2015, especialmente después del cierre de la frontera el 19 de agosto del año anterior, ingresaron cada mes entre septiembre y noviembre en promedio 25 mil extranjeros provenientes de venezuela. Conocida la decisión del gobierno de Maduro, solo en el mes de agosto el ingreso se duplicó entrando un total de 40.228 extranjeros de la vecina nación. Las ciudades de la costa preferidas para hospedarse en su orden fueron Barranquilla, Santa Marta, Monteria, Valledupar y Maicao- Riohacha en menor medida.  
  
Mano de obra joven y barata. Sin documentos para trabajar en el país se emplean como Dj´s, decoradores de fiestas, estilistas, lideres de ventas, prepagos y hasta como empleadas de servicio.

Dicharacheros, entrones, polifacéticos y ostentosos, en su mayoría conservan el gusto por la buena vida ganada en años de una economía solvente envidiada de este lado también por décadas durante las cuales mas de 4 millones de colombianos fueron haciendo las tareas que el estilo de vida petrolizado no les permitía a los vecinos. En la época dorada del bolívar los colombianos "marditos" como una plaga eran los peones, mecánicos, porteros, mensajeros, herreros y mucamas entre otras que ganaban en "bolos" y mandaban la platica que rendía a pueblitos como San Onofre en Sucre, Maria La Baja en Bolívar y otros mas de la extensa geografía caribe tan amplia como sus propias necesidades.

Ahora es todo lo contrario. Pero los actores no ocultan su desazón de hacerle a los colombianos, lo que humildemente hacían los colombianos en su tierra.

* "Maritza" Viene cada 15 días, últimamente entrando por trochas por el cierre de la frontera, y con una mezcla especial de queratina hace una "cirugía" capilar que alisa el cabello de una docena de clientas en La Guajira colombiana. Eso le da para vivir al cambio cómodamente en Maracaibo los otros 15 días.

"Eduardo" es líder en ventas en una funeraria. La empresa llevaba buen tiempo buscando una persona calificada que asumiera el rol sin éxito. Su desparpajo y verbo fácil y el hecho de ser completamente desconocido en una sociedad de pueblo emprejuiciada con la muerte, lo introdujo en un periodo de prueba. Los fines de semana alterna como técnico de efecto de luces en fiestas.

"Pilar" es una despampanante "catira" como llaman en su país a las rubias que tiene un hijo de 4 años que mantener. Aquí se dedica a shows para despedidas de soltero, atracción para la hora loca de parrandas de patios y de ahí lo que el cliente quiera. Por noche puede ganar hasta 300 mil pesos, jugoso ingreso que al cambio representa una fortuna.

Al "Maracucho" pocos le conocen el nombre. Trabaja en un taller de mecánica al norte de Barranquilla, se ha especializado en suspensión y rodamientos de vehículos de gama alta, su destreza hace tolerable la paciencia de sus clientes cuando interrumpe permanente las tareas para responder los mensajes fluidos que entran a su celular. Su acento y vanidad es la burla del taller.

Como los anteriores abundan los ejemplos en peluquerías, talleres de mecánica, panaderías y demás negocios que acaparan esta metamorfosis fronteriza para explotar mano de obra sin ninguna responsabilidad aparente.

La sociedad colombiana aun no se identifica como xenofoba, corresponde esperar cuando la carestía y falta de oportunidades empiecen agrietar el temperamento de una de las naciones mas "felices" del planeta.



*nombres cambiados de ejemplos reales.

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