
Los medios locales y
nacionales con sus corresponsales corrían detrás de Angelina Jolie, la famélica
estrella de cine calificada como una bomba sexual, pero cuya delgadez extrema
producía la misma lástima que los migrantes venezolanos a los que ella en calidad
de embajadora de buena voluntad de las Naciones Unidas a través de la Acnur,
pretendía ayudar. Entre tanto, en La Gobernación de La Guajira Sonia Bermúdez
Robles, la embajadora de los muertos “pobres de solemnidad”, parqueaba en el
atrio del palacio de la Marina un ataúd con el cuerpo de un venezolano
fallecido y sin recursos para una sepultura digna.
La fiesta de los flashes que
perseguían a la Jolie no se pararon, el hito de ver desfilar por las calles de
Riohacha y Maicao a una verdadera estampa del celuloide no podía desteñirse con
las imprudencias de Sonia, siempre Sonia. Indigentes, enfermos de Sida,
ancianos abandonados, niños desnutridos y todos los “muerticos” que le pesan a
la sociedad y que en los rubros del presupuesto público figuran con un amparo
denominado pobres de solemnidad, fundamentan la acción de la organización civil
Gente Como Uno, propietaria del cementerio del mismo nombre ubicado a la
entrada de la ciudad en la vía a Valledupar.
Sonia Bermúdez Robles es un
icono de esta sociedad fragmentada que ha ido perdiendo principios de unión que
la caracterizaban en el pasado como pueblo solidario preocupado por el progreso
y la eliminación de la desigualdad en todas sus formas; hoy postrado en una
escasa capacidad de empatía mutua y con altos niveles de indiferencia por el
dolor ajeno. Ella entre tanto, rema en contra de la corriente en su justo
propósito de salvar el instante último de dignidad del ser humano cumpliendo
con una de las obras de misericordia corporales consignadas en el catecismo
básico católico como es la de enterrar a los difuntos y sin ínfulas estampadas
en congregación alguna.
El altruismo de Bermúdez
Robles le ha dado la vuelta al planeta, medios como la BBC, universidades de
los Estados Unidos y organizaciones de Derechos Humanos y acción social del mundo,
se han ocupado de su gesta que paradójicamente donde ha tenido más dificultades
es cuando corresponde exigir a las administraciones territoriales que liberen
los recursos para seguir atendiendo a la población que sale de las estadísticas
camino a la sepultura.
Sonia, siempre Sonia. En días
pasados afectada como más de mil familias de distintos barrios de la ciudad por
las inundaciones; con el agua a la cintura, debido a que las rejillas del
alcantarillado fluvial del sector donde vive en la comuna 3 de Riohacha había colapsado por las basuras y desechos
dejados a la deriva por ciudadanos desconsiderados; aviada de palas, rastrillos
y bolsas en compañía de sus hijos, inició un trabajo de limpieza y
descongestión de los colectores al que se fueron sumando una comunidad de
vecinos alentados por el ejemplo. Ese
sentido de pertenencia diluido en las sociedades modernas que esperan más de
los gobiernos que la corrupción que les pueden dejar, no se reactiva con
facilidad; sobre todo bajo la premisa de administradores que consideran que
apropiarse de los recursos públicos es un derecho adquirido o que le viene por
herencia.
Sonia, siempre Sonia ha
recibido todos los reconocimientos que otorgan las corporaciones públicas,
evidenciando otro rasgo de la sociedad en la que habita que es enaltecer con
pergaminos en público, lo que repudia o desatiende en privado y por ello se
resiste a emular, mientras su conciencia encantada con Angelina Jolie, le
susurra que Sonia es imprudente cuando trata de romper el círculo de la
indiferencia.
Publicado en Diario del Norte
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