Tan
cerca y tan lejos la una de la otra. Hermanadas en la historia, en la
proximidad de sus territorios, en la complementariedad de sus actividades de
sostén y desarrollo; pero celosas en lo competitivo desde antes y durante el
grito que elevó sus territorios a Departamentos con pocos meses de diferencia. En
la página de aniversario del Departamento del Cesar se afirma en los
antecedentes que “La idea de crear el departamento (…), nació a partir de la
creación del departamento de La Guajira…” Sin embargo, en la conmemoración de
sus cincuentenarios, el Valle del Cacique Upar parece haber tragado más harina.
Valledupar
y Riohacha son ciudades hermanas en lo regional. La primera provinciana,
básica, ganadera, bucólica; pero próspera y pujante. La segunda, fronteriza,
cosmopolita, plural; pero detenida en el tiempo. Al margen de las ventajas de
Valledupar en materia de infraestructura básica, del entendimiento de su clase
política por endulzar los oídos y la vanidad de los dirigentes del centro y el
empoderamiento de la música tradicional de acordeón como pretexto para
emparrandar a la patria y conquistar los fríos corazones de quienes administran
el presupuesto de la nación, el empuje en el plano cultural y en la
resignificación de la memoria como capital invaluable, constituye la
diferencia.
Barranquilla
por ejemplo, descubrió aunque un tanto tarde, que estaba engranando su
desarrollo de espaldas al rio. Comprendió su prospectiva y ahora las
principales inversiones se orientan a recuperar la mirada hacia el rio Grande
como polo cultural, turístico, industrial, de transporte y económico.
Valledupar
apropio la juglaría, los dignificó, los acogió y los promovió; empujó un
clúster con el Vallenato como punta de lanza, al tiempo que afianzaba su
vocación agrícola y ganadera, con norte y presupuestos claros. Entre tanto
Riohacha divagaba entre capital de frontera con puerto libre y su estigmatizado
espíritu contrabandista. Entre tierra con destinos turísticos por descubrir o
capital de servicios para la explotación de recursos minero-energéticos. Entre
la pluralidad étnica, diversidad cultural y la diáspora de sus migrantes
extranjeros después del periodo de bonanza. Entre el aquí y el allá, sin avance
alguno y dicho sea de paso, negando el mar.
Valledupar
ha dotado de infraestructura su archivo histórico y está en camino de su
digitalización, ha promovido la protección y recuperación de sus fuentes
históricas y documentales, con ello ha ido recuperando la memoria, dándole el
valor al pasado y su papel de trascendencia para el presente. De paso se ha
fortalecido la biblioteca pública como espacio que atesora el conocimiento y
exalta la producción intelectual de sus investigadores y creadores. Casi todos
sus municipios tienen monografías que retratan sus orígenes y cuentan las
incidencias de su devenir; la academia de historia tiene dinámica y espacio
propio. En fin, su sociedad ha entendido la importancia de la memoria, la
historia y la cultura para consolidar un sentido de identidad colectiva de
región.
Pese
a que aun sus urbanizaciones llenas de sombras de cañahuates y mangos reciben
el agua potable racionada, que están sometidos al yugo y mal servicio de
Electricaribe, que sus conductores dando muestras de un afán primitivo toman el
carril derecho para doblar a la izquierda rompiendo con el orden y respeto que
intenta tener su movilidad. Se sobreponen hidalgos a las fisuras y halan todos para
el mismo norte de bienestar y desarrollo.
Para
el próximo año el presupuesto de Valledupar alcanzará la cifra de 726 mil
millones de pesos, para atender las necesidades de casi medio millón de
habitantes. Riohacha, entre tanto afora el suyo en 341 mil millones de pesos, para
cubrir casi 300 mil habitantes y con el vestido aun sin estreno de su condición
de Distrito.
Pobre
Tite, pobre Tite...Pobre Tite Socarras...ahora se encuentra muy triste, lo ha perdido todo por contrabandear, y Valledupar canta
en una estrofa de otra canción, si te descuidas Vallenato se cumplirá tu
profecía.
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