@Riohachaposible
Aun en las salas de cine del
mundo acuden en masa espectadores de todas las edades para asistir a la
proyección de la versión cinematográfica de la trilogía Los Juegos del Hambre, basado en el libro de la escritora americana
Suzanne Collins, puesta en escena de como el hambre y el miedo son trasformados
en sujetos de dominación. Aquí un intento por exponer una analogía que ya se ha
constituido en floklore del espacio y tiempo de La Guajira.
El Hambre
En el quehacer del poder
local dirigentes tradicionales han hecho historia en La Guajira logrando una
mutación del ejercicio del gobierno para que el hambre además de un negocio
imponga su criterio al momento de tomar decisiones electorales. A suerte de
distritos, unos con potencial minero – los más preciados y costosos en términos
de elecciones- otros con distintas vocaciones que van desde lo comercial hasta
los agropecuarios, en ellos se manifiesta la simbiosis de sectores amparados en
el bipartidismo tradicional; cada 4 años durante décadas han escogido alcaldes
que en poco tiempo solo figuran en los acetatos nombrados por los vallenatos de
moda anunciando que ha surgido un nuevo rico en la comarca, mientras pesa
encontrar un solo territorio municipal con agua potable y permanente.
El poder está asociado al tener y es por ello que la misma
sociedad condena a sus dirigentes alternativos; en el disco duro del colectivo,
el éxito político no depende de la preparación y la capacidad, se ciñe
simplemente a quien pueda posicionar en el imaginario de la gente la garantía
de triunfo o “corone” como perversa herencia de las bonanzas marimberas.
Para colmo de males en la
última década, no fue solo suficiente sembrar en el corazón de la gente humilde
la condescendencia y predisposición a este orden aciago sino, que literalmente
los recursos que dispone el estado por distintas fuentes para seguridad
alimentaria por imposición de las Metas del Milenio, dieron origen a una nueva
“mafia” que oprime principalmente a los niños y familias de menos recursos que
ya han pagado en cifra que aún es indeterminada, con menores muertos de física
hambre.
La denuncia, que no la
inventó Pirry, no ha sonrojado siquiera a ninguna de las organizaciones y
dirigentes que sufragan sus ostentosos estilos de vida de las minutas del ICBF
y como del mismo cuero salen las correas,
con la misma presión del hambre “motivaron” electoralmente a casi 10 mil ciudadanos
para que votaran en las pasadas elecciones de congreso por el ilustre
desconocido en esta tierras Antonio Guerra de La Espriella, paisano del
entonces director del ICBF en La Guajira y hoy flamante Senador de La Republica,
digno representante de la tesis de que voto con hambre es voto seguro. (Ver recuadro en la parte inferior)
Entre tanto como en la
trilogía, mucha gente que trabaja con dignidad lucha para no pasar hambre y
cuidándose además, de no llamar la atención de sus dirigentes, porque eso
conduce a un juego de muerte, en el que cualquier amago de éxito que atente
contra el poder constituido, se convierte en una trampa con un costo fatídico.
El
Miedo
Angel Becassino publicista
argentino asesor de múltiples campañas electorales exitosas en Colombia en una
conferencia magistral argumentó que uno de los mayores temores de las clases
media y popular del país, es el miedo a perder. Es por ello que se aferran con
pasión a candidaturas que así no les propongan nada, ni se sientan
representados por el candidato, logren tatuarle en el subconsciente la
posibilidad de triunfo.
Como en el reality de los
Juegos del hambre la realidad refleja una clase dominada seducida por los lujos
y extravagancias de una clase dominante. Ese imaginario de poder, pertenece a
unos y es negado para otros y en él, el miedo es empleado como mejor forma de
dominación de las masas.
El miedo en política es
usado para ejercer “control” de las masas y garantizar de paso el “equilibrio”
del poder. La rebelión es prohibida, es cuestionada, es excluida del debate
social y se privilegia el “consenso” y la división. Entre más particulada esté
la sociedad, cualquier cosa que impida que una persona pueda reflexionar por sí
misma, tener sus propios juicios, será una estrategia efectiva para generar
miedo más fácilmente, posibilitando oportunidad para la imposición de “manias”
hechas a pulso del comercio electoral y del favorecimiento clientelar y burocrático
entre las élites Bogotanas y el “cacicazgo” caribe, el mismo matrimonio que dio
origen al paramilitarismo y a otros demonios mimetizados en la política.
En ese orden como lo indican
los datos que se desprenden de las estadísticas electorales por distintas
razones quienes inventaron el miedo en La Guajira fueron presa del mismo
sentimiento en las elecciones de Congreso y más de 60 mil votos pasaron a
nutrir las arcas electorales de “barones” de otras latitudes y su propio miedo
los condenó a ceder espacio en la cámara alta, miedo que persiste en sus huesos
y que en cualquier momento dará paso a la temida rebelión de los indignados y
al esperado canto del Sinsajo.


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