lunes, 26 de enero de 2015

Los Juegos del Hambre

@Riohachaposible



Aun en las salas de cine del mundo acuden en masa espectadores de todas las edades para asistir a la proyección de la versión cinematográfica de la trilogía Los Juegos del Hambre, basado en el libro de la escritora americana Suzanne Collins, puesta en escena de como el hambre y el miedo son trasformados en sujetos de dominación. Aquí un intento por exponer una analogía que ya se ha constituido en floklore del espacio y tiempo de La Guajira.


El Hambre


En el quehacer del poder local dirigentes tradicionales han hecho historia en La Guajira logrando una mutación del ejercicio del gobierno para que el hambre además de un negocio imponga su criterio al momento de tomar decisiones electorales. A suerte de distritos, unos con potencial minero – los más preciados y costosos en términos de elecciones- otros con distintas vocaciones que van desde lo comercial hasta los agropecuarios, en ellos se manifiesta la simbiosis de sectores amparados en el bipartidismo tradicional; cada 4 años durante décadas han escogido alcaldes que en poco tiempo solo figuran en los acetatos nombrados por los vallenatos de moda anunciando que ha surgido un nuevo rico en la comarca, mientras pesa encontrar un solo territorio municipal con agua potable y permanente.    

El poder está asociado al tener y es por ello que la misma sociedad condena a sus dirigentes alternativos; en el disco duro del colectivo, el éxito político no depende de la preparación y la capacidad, se ciñe simplemente a quien pueda posicionar en el imaginario de la gente la garantía de triunfo o “corone” como perversa herencia de las bonanzas marimberas.

Para colmo de males en la última década, no fue solo suficiente sembrar en el corazón de la gente humilde la condescendencia y predisposición a este orden aciago sino, que literalmente los recursos que dispone el estado por distintas fuentes para seguridad alimentaria por imposición de las Metas del Milenio, dieron origen a una nueva “mafia” que oprime principalmente a los niños y familias de menos recursos que ya han pagado en cifra que aún es indeterminada, con menores muertos de física hambre.

La denuncia, que no la inventó Pirry, no ha sonrojado siquiera a ninguna de las organizaciones y dirigentes que sufragan sus ostentosos estilos de vida de las minutas del ICBF y como del mismo cuero salen las correas, con la misma presión del hambre “motivaron” electoralmente a casi 10 mil ciudadanos para que votaran en las pasadas elecciones de congreso por el ilustre desconocido en esta tierras Antonio Guerra de La Espriella, paisano del entonces director del ICBF en La Guajira y hoy flamante Senador de La Republica, digno representante de la tesis de que voto con hambre es voto seguro.  (Ver recuadro en la parte inferior)  

Entre tanto como en la trilogía, mucha gente que trabaja con dignidad lucha para no pasar hambre y cuidándose además, de no llamar la atención de sus dirigentes, porque eso conduce a un juego de muerte, en el que cualquier amago de éxito que atente contra el poder constituido, se convierte en una trampa con un costo fatídico.


El Miedo


Angel Becassino publicista argentino asesor de múltiples campañas electorales exitosas en Colombia en una conferencia magistral argumentó que uno de los mayores temores de las clases media y popular del país, es el miedo a perder. Es por ello que se aferran con pasión a candidaturas que así no les propongan nada, ni se sientan representados por el candidato, logren tatuarle en el subconsciente la posibilidad de triunfo. 

Como en el reality de los Juegos del hambre la realidad refleja una clase dominada seducida por los lujos y extravagancias de una clase dominante. Ese imaginario de poder, pertenece a unos y es negado para otros y en él, el miedo es empleado como mejor forma de dominación de las masas.  

El miedo en política es usado para ejercer “control” de las masas y garantizar de paso el “equilibrio” del poder. La rebelión es prohibida, es cuestionada, es excluida del debate social y se privilegia el “consenso” y la división. Entre más particulada esté la sociedad, cualquier cosa que impida que una persona pueda reflexionar por sí misma, tener sus propios juicios, será una estrategia efectiva para generar miedo más fácilmente, posibilitando oportunidad para la imposición de “manias” hechas a pulso del comercio electoral y del favorecimiento clientelar y burocrático entre las élites Bogotanas y el “cacicazgo” caribe, el mismo matrimonio que dio origen al paramilitarismo y a otros demonios mimetizados en la política.


En ese orden como lo indican los datos que se desprenden de las estadísticas electorales por distintas razones quienes inventaron el miedo en La Guajira fueron presa del mismo sentimiento en las elecciones de Congreso y más de 60 mil votos pasaron a nutrir las arcas electorales de “barones” de otras latitudes y su propio miedo los condenó a ceder espacio en la cámara alta, miedo que persiste en sus huesos y que en cualquier momento dará paso a la temida rebelión de los indignados y al esperado canto del Sinsajo.


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