Angel Roys Mejia *@Riohachaposible
Las consideraciones
económicas que conducen las relaciones de la frontera Guajira entre Colombia y
Venezuela son tan disimiles como complejas. En estos días sectores
oficilalistas han clasificado como “guerra económica” que atribuyen a la
intervención externa y a la manipulación de gremios empresariales a la
producción y al abastecimiento de productos básicos; por su parte, la oposición
arremete con fuertes cuestionamientos señalando al gobierno como culpable de la
situación interna del país a la que se refieren como caótica, para la que de
inmediato sentencian que la única solución es la renuncia de la revolución.
La
noche en que Maduro anunciaba "el paquetazo de medidas económicas" en
una tienda de esquina que tradicionalmente vende las cervezas locales más
populares Regional y Polar, una
veintena de clientes escuchaban por la radio los anuncios del Presidente, con
atención casi religiosa, reflejo de la conciencia política que ha ido tomando
el pueblo venezolano en medio de la delicada polarización que raya muchas veces
en la intolerancia.
En la
misma semana se promovieron multitudinarias movilizaciones, primero las de
respaldo a las medidas oficiales en la marcha de los “Invictos” en
conmemoración a los asesinados y perseguidos durante el régimen del dictador
Marco Pérez Jiménez y al día siguiente caminaron por las calles de Caracas los
de oposición. Entre tanto el gobierno afianza los anuncios y beneficios en lo
que siguen denominando “triunfo del pueblo”
con más de 60 mil viviendas solo en el Zulia, coberturas casi absolutas en
educación y reducción del analfabetismo a 0 con un aumento de más de 5 puntos
en el PIB en educación, prevención en salud con programas de atención medica en
cercanías con médicos en la cuadra y en el barrio. Sin embargo, pese a los
logros con importantes reconocimientos de organismos multilaterales como la FAO,
la incapacidad de conciliar los fuertes intereses del empresarismo, con demás
sectores de la sociedad mantiene a Venezuela entera al borde de la crisis.
Los
sectores de derecha venezolanos con dificultades para lograr una postura política
unitaria han apropiado los tradicionales métodos de la izquierda latinoamericana
para generar desestabilización. Discursos panfletarios, conspiración y sobre
todo la “guarimba” (asonadas para generar desorden y confusión) que han llegado
incluso a atentar contra el sistema masivo de transporte público. Entre tanto
el gobierno como respuesta disuasoria entrega en plazas desde tanques para
almacenamiento de agua, viviendas y hasta electrométricos para una gran población
necesitada.
En la
profunda polarización que viven los vecinos, sobre todo en la frontera hay una
gran franja sensible aprovechada por el colombiano. Los rumores de escasez de
productos también ha sembrado una tendencia al aprovechamiento de los ociosos;
quien dispone de tiempo y de "cobres" -dinero- se dedica a hacer
colas en droguerías, panaderías, charcuterías y demás almacenes para luego
hacer de la reventa, otra actividad incrustada de manera perversa en el juego
económico. Muchos de esos productos luego son apreciados en andenes de
Riohacha, Maicao y otras ciudades con precios homologados a valores en
Colombia, especulación cambiarla que deja altas ganancias a una multiplicidad
de pequeños "comerciantes".
De
otro lado, los ataques mediáticos de la oposición han provocado un consumo
nervioso, evidente en las colas en las estaciones de servicio, que coincide con
un retraso en el suministro de parte de la central petrolera. Sin embargo, los
conductores con exceso de previsión se afanan por mantener el tanque lleno, lo
que aumenta las aglomeraciones en las 20 estaciones existentes en Maracaibo y las
30 establecidas en territorio zuliano.
Producir
un litro de gasolina de 95 octanos cuesta alrededor de Bs. 2,7, lo cual es 28
veces menos el monto que se cobra al consumidor en la estación de servicio, el
tanque de un vehículo pequeño de 10 0 12 galones se llena con 5 o 6 Bs. máximo
y la gente paga con 10 y generalmente deja los vueltos. El bajo costo de la
gasolina también incentiva el uso del vehículo particular, algo que contribuye
parcialmente con los problemas de tráfico y congestionamiento que viven las
ciudades de Venezuela. El precio de la gasolina no se reajusta desde 1996 en el
gobierno de Rafael Caldera y es por ello que en la opinión del 80 por ciento de
los zulianos, el aumento anunciado por el gobierno no genera ninguna
resistencia.
Maracaibo
hoy sigue siendo una ciudad de mucha actividad en la que aún se respira la
ostentación como centro petrolero. Todas las calles y avenidas son asfaltadas,
lo que también la hace más calurosa; la mayoría de los hogares gozan de aires
acondicionados, sin el pago de energía o a un precio ínfimo, así como los locales de comercio, sin embargo,
se nota la ausencia de políticas públicas sobre reposición y renovación de
parque automotor, los vehículos sin importar el modelo circulan por la ciudad y
la gran mayoría de los más viejos prestan el servicio público de colectivos.
De más
de 340 mil vehículos que circulan en Maracaibo según el INE, en promedio un 40
por ciento pertenecen a un parque automotor obsoleto. Modelos de los 80 y
finales de los 70 hacen el trayecto desde la capital del Zulia hasta Maicao, con
tanques de combustible de más de 100 litros, lo que los hace también atractivos
para el negocio adicional e ilegal de introducir gasolina en Maicao.
Más
de medio millón de barriles diarios produce PDVSA en el Zulia, sin embargo según
cálculos de organismos fronterizos, de manos del contrabando se fugan cerca de
100 mil barriles diarios de combustible en los 600 kilómetros de frontera que
dividen al estado Zulia de Colombia. El oro negro en otra expresión del
comercio ilegal, pasa en la delgada línea fronteriza de costar 1 Bs o menos el
litro en Venezuela a mil pesos oro en la Zona Especial de Régimen Aduanero de
Colombia.
Esta
“burbuja” permanente, a pesar de las medidas de control y la fuerte presencia
de la guardia venezolana ha venido especializando a niños indígenas wayuu
conscientes de su actividad clandestina denominados “bachaqueritos”, que con
improvisados pasamontañas distribuyen gasolina de contrabando con reciclados
tarros de aceite comestible de 5 litros, en todo lo largo y ancho de los 105 kilómetros
que cubren la ruta de Maracaibo a Maicao; a 20 minutos de la capital del Zulia
los 5 litros se venden en 100 Bs ($1.500 pesos) y a medida que se aproxima
Paraguachon el precio llega a alcanzar los 250 Bs. Nerviosos los niños esconden
su producto en las laderas de la carretera, los vehículos transeúntes saben cómo
se mueve el negocio y van retanqueando sus carros para completar la gasolina
que finalmente venden en Colombia a precio de oro, sumando otro eslabón mas del
comercio subterráneo que une y beneficia a muchas familias de lado y lado de la
frontera.
Es
por ello que si se arma la “guarimba”
el nervio también afecta a la Colombia de frontera cuyos indicadores de
nutrición y calidad de vida están ceñidos al pálpito de las venas abiertas de
Venezuela.
*Comunicador
social- Especialista en Gestión Publica
.jpg)


No hay comentarios:
Publicar un comentario