lunes, 16 de febrero de 2015

Se armó la "Guarimba"...


Angel Roys Mejia *@Riohachaposible



Las consideraciones económicas que conducen las relaciones de la frontera Guajira entre Colombia y Venezuela son tan disimiles como complejas. En estos días sectores oficilalistas han clasificado como “guerra económica” que atribuyen a la intervención externa y a la manipulación de gremios empresariales a la producción y al abastecimiento de productos básicos; por su parte, la oposición arremete con fuertes cuestionamientos señalando al gobierno como culpable de la situación interna del país a la que se refieren como caótica, para la que de inmediato sentencian que la única solución es la renuncia de la revolución.

La noche en que Maduro anunciaba "el paquetazo de medidas económicas" en una tienda de esquina que tradicionalmente vende las cervezas locales más populares Regional y Polar, una veintena de clientes escuchaban por la radio los anuncios del Presidente, con atención casi religiosa, reflejo de la conciencia política que ha ido tomando el pueblo venezolano en medio de la delicada polarización que raya muchas veces en la intolerancia.

En la misma semana se promovieron multitudinarias movilizaciones, primero las de respaldo a las medidas oficiales en la marcha de los “Invictos” en conmemoración a los asesinados y perseguidos durante el régimen del dictador Marco Pérez Jiménez y al día siguiente caminaron por las calles de Caracas los de oposición. Entre tanto el gobierno afianza los anuncios y beneficios en lo que siguen denominando “triunfo del pueblo” con más de 60 mil viviendas solo en el Zulia, coberturas casi absolutas en educación y reducción del analfabetismo a 0 con un aumento de más de 5 puntos en el PIB en educación, prevención en salud con programas de atención medica en cercanías con médicos en la cuadra y en el barrio. Sin embargo, pese a los logros con importantes reconocimientos de organismos multilaterales como la FAO, la incapacidad de conciliar los fuertes intereses del empresarismo, con demás sectores de la sociedad mantiene a Venezuela entera al borde de la crisis.

Los sectores de derecha venezolanos con dificultades para lograr una postura política unitaria han apropiado los tradicionales métodos de la izquierda latinoamericana para generar desestabilización. Discursos panfletarios, conspiración y sobre todo la “guarimba” (asonadas para generar desorden y confusión) que han llegado incluso a atentar contra el sistema masivo de transporte público. Entre tanto el gobierno como respuesta disuasoria entrega en plazas desde tanques para almacenamiento de agua, viviendas y hasta  electrométricos para una gran población necesitada.    

En la profunda polarización que viven los vecinos, sobre todo en la frontera hay una gran franja sensible aprovechada por el colombiano. Los rumores de escasez de productos también ha sembrado una tendencia al aprovechamiento de los ociosos; quien dispone de tiempo y de "cobres" -dinero- se dedica a hacer colas en droguerías, panaderías, charcuterías y demás almacenes para luego hacer de la reventa, otra actividad incrustada de manera perversa en el juego económico. Muchos de esos productos luego son apreciados en andenes de Riohacha, Maicao y otras ciudades con precios homologados a valores en Colombia, especulación cambiarla que deja altas ganancias a una multiplicidad de pequeños "comerciantes".


De otro lado, los ataques mediáticos de la oposición han provocado un consumo nervioso, evidente en las colas en las estaciones de servicio, que coincide con un retraso en el suministro de parte de la central petrolera. Sin embargo, los conductores con exceso de previsión se afanan por mantener el tanque lleno, lo que aumenta las aglomeraciones en las 20 estaciones existentes en Maracaibo y las 30 establecidas en territorio zuliano.

Producir un litro de gasolina de 95 octanos cuesta alrededor de Bs. 2,7, lo cual es 28 veces menos el monto que se cobra al consumidor en la estación de servicio, el tanque de un vehículo pequeño de 10 0 12 galones se llena con 5 o 6 Bs. máximo y la gente paga con 10 y generalmente deja los vueltos. El bajo costo de la gasolina también incentiva el uso del vehículo particular, algo que contribuye parcialmente con los problemas de tráfico y congestionamiento que viven las ciudades de Venezuela. El precio de la gasolina no se reajusta desde 1996 en el gobierno de Rafael Caldera y es por ello que en la opinión del 80 por ciento de los zulianos, el aumento anunciado por el gobierno no genera ninguna resistencia.

Maracaibo hoy sigue siendo una ciudad de mucha actividad en la que aún se respira la ostentación como centro petrolero. Todas las calles y avenidas son asfaltadas, lo que también la hace más calurosa; la mayoría de los hogares gozan de aires acondicionados, sin el pago de energía o a un precio ínfimo,  así como los locales de comercio, sin embargo, se nota la ausencia de políticas públicas sobre reposición y renovación de parque automotor, los vehículos sin importar el modelo circulan por la ciudad y la gran mayoría de los más viejos prestan el servicio público de colectivos.

De más de 340 mil vehículos que circulan en Maracaibo según el INE, en promedio un 40 por ciento pertenecen a un parque automotor obsoleto. Modelos de los 80 y finales de los 70 hacen el trayecto desde la capital del Zulia hasta Maicao, con tanques de combustible de más de 100 litros, lo que los hace también atractivos para el negocio adicional e ilegal de introducir gasolina en Maicao.


Más de medio millón de barriles diarios produce PDVSA en el Zulia, sin embargo según cálculos de organismos fronterizos, de manos del contrabando se fugan cerca de 100 mil barriles diarios de combustible en los 600 kilómetros de frontera que dividen al estado Zulia de Colombia. El oro negro en otra expresión del comercio ilegal, pasa en la delgada línea fronteriza de costar 1 Bs o menos el litro en Venezuela a mil pesos oro en la Zona Especial de Régimen Aduanero de Colombia.

Esta “burbuja” permanente, a pesar de las medidas de control y la fuerte presencia de la guardia venezolana ha venido especializando a niños indígenas wayuu conscientes de su actividad clandestina denominados “bachaqueritos”, que con improvisados pasamontañas distribuyen gasolina de contrabando con reciclados tarros de aceite comestible de 5 litros, en todo lo largo y ancho de los 105 kilómetros que cubren la ruta de Maracaibo a Maicao; a 20 minutos de la capital del Zulia los 5 litros se venden en 100 Bs ($1.500 pesos) y a medida que se aproxima Paraguachon el precio llega a alcanzar los 250 Bs. Nerviosos los niños esconden su producto en las laderas de la carretera, los vehículos transeúntes saben cómo se mueve el negocio y van retanqueando sus carros para completar la gasolina que finalmente venden en Colombia a precio de oro, sumando otro eslabón mas del comercio subterráneo que une y beneficia a muchas familias de lado y lado de la frontera.  

Es por ello que si se arma la “guarimba” el nervio también afecta a la Colombia de frontera cuyos indicadores de nutrición y calidad de vida están ceñidos al pálpito de las venas abiertas de Venezuela.


*Comunicador social- Especialista en Gestión Publica

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