@Riohachaposible *
“No se aprecia el valor del agua
hasta que se seca el pozo”. Proverbio Ingles
Muy a pesar de las
múltiples advertencias y la amenaza para su productividad y bienestar, el municipio sigue “asesinando” la cuenca del
rio Tapias, en un deliberado propósito de morder la mano que le da de beber.
Desde el año 95 en un
voluminoso documento denominado “Diagnostico y Plan de Manejo de la cuenca
hidrográfica del rio Tapias” en donde se concluye con un matiz premonitorio: “Los suelos de la parte más alta de la
cuenca deben destinarse única y exclusivamente al bosque natural, como recurso
seguro para conservar las condiciones ecológicas”. Desde entonces y hasta
ahora viene aconteciendo todo lo contrario. Una alta tasa migratoria no
controlada de campesinos y depredadores de madera han venido colonizando este
territorio mantenido en equilibrio por las tribus ancestrales habitantes del macizo,
pero amenazada por quienes han venido interviniendo de manera irresponsable por
lo menos el 50 por ciento de las 90 mil hectáreas que constituyen la cuenca del
rio que surte de agua a los más de 250 mil habitantes que viven en Riohacha.
A este panorama desalentador
se suma la gradual contaminación a efectos del vertimiento de aguas residuales
de los colonos, de las escorrentías producidas por la deforestación y erosión
de las laderas y del uso a gran escala para cultivos de banano y palma que
aportan grave fractura a la ya delicada cuenca del rio mayor nutriente de la
capital guajira, como lo señala un estudio elaborado por el departamento de Química
de la Universidad Industrial de Santander, en su programa de especialización y
que data del año 2006.
La preocupación del
departamento y del municipio se ha concentrado en las inversiones de
infraestructura de agua potable, que solo este año por cuenta del Plan
departamental de Agua y recursos de la nación, alcanzará la cifra
histórica de más de 90 mil millones de pesos, que se suman
a los casi 200 mil millones que en 20 años han financiado tubos y redes de un
sistema de acueducto que encajaría perfectamente en las páginas de Cien Años de
Soledad, puesto que con la inminente crisis de la cuenca del Tapias, habrá
acueducto pero no llegará el agua.
La Sierra Nevada de
Santa Marta es una ‘fábrica de agua’. En este macizo montañoso nacen 36
ríos que producen más de 10.000 millones de metros cúbicos de agua por año, de
donde se abastecen los acueductos de 21 municipios de los departamentos de
Magdalena, La Guajira y Cesar. No obstante, la Fundación Pro Sierra Nevada ha
venido advirtiendo desde hace más de dos décadas que la acción del hombre y los
fenómenos climáticos han hecho mella en este pulmón del Caribe y como en el
vallenato la “Profecía” de Julio Oñate Martínez
que en jaculatorias lanza alertas, los gobiernos en todos los niveles
han ignorado los estudios serios y la inminente crisis del ecosistema mas
irremplazable de la humanidad, como lo reveló un estudio publicado en la
revista Science en el 2013.
La razón para
preocuparse se desprende de los análisis de riesgo de la fuente de
abastecimiento de agua del municipio de Riohacha proyectado por la Corporación Autónoma
Regional de La Guajira, en el que se señalan los escenarios futuros de 2030 y
2050 en la categoría de riesgo muy alto, lo que debe imponer serias consideraciones
para la definición de políticas y acciones para la conservación de las cuencas.
De lo contrario el municipio habrá invertido más de 20 años en la construcción
de un acueducto medianamente óptimo para un suministro de agua inexistente.
Valga anotar que en los cálculos de la Fundación Pro Sierra, la recuperación de
la cuenca del Tapias puede tomar entre 25 y 30 años.
Los mecanismos de ley
implementados por el gobierno para garantizar la protección de las cuencas han
sido soslayados por un porcentaje alto de municipios del país. Las áreas de
importancia estratégica para la conservación de recursos hídricos que surten
los acueductos municipales han sido amparados con el 1 % mínimo del total de
sus ingresos corrientes, pero al mirar el chocolate espeso de las cuentas
claras, son contados los entes territoriales que han dispuesto esta mínima de
sus finanzas para salvaguardar el agua que consumen. En los registros de
Corpoguajira solo el municipio de Albania ha reportado información de inversión
de estos recursos en protección de cuencas.
Solo basta pasar el
ojo de turista desprevenido por la troncal del caribe y observar el caudal de
los ríos en su camino al mar, para descubrir que sigue sin importar el
cataclismo del proverbio inglés y los gobiernos continúan parodiando el
vallenato: “voy hacerte un acueducto en el aire, solamente pa que bebas tu”…
*Angel Roys Mejia – Periodista
e investigador. Articulo publicado en el portal Las 2 Orillas.

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