lunes, 2 de mayo de 2016

Virreinato de la provincia de Padilla

Angel Roys Mejía @Riohachaposible *


En estos días en los que el papel de los virreyes, gerentes y doctores está tan vilipendiado por que terminan por no ser ni lo uno ni lo otro. La sociedad guajira montada sobre la ola de las redes sociales que cada semana provoca un nuevo tsunami público de opinión; surfea hoy sobre la premeditada y sistemática estrategia del gobierno capitalino de imponer su criterio de desarrollo interviniendo la región con la promesa de ser dueños de la prosperidad deseada.

Un modelo que desde comienzos del nuevo milenio ha venido desdibujando el espíritu descentralizador de la constitución de 1991, definiendo prioridades del gasto público de las regiones; a través de actos legislativos, leyes y decretos, que establecen sobre los presupuestos regionales un vendaval de apropiaciones con destinación específica.

El control y la intervención sumado a la actuación de los gobiernos es ya una inveterada política de estado, una doctrina llevada al extremo y que ha llegado a la estatificación de los instrumentos de producción —tierras, minas, aguas, bosques, fábricas, almacenes, servicios— por esta vía se vendió Carbocol y nunca o poco se supo que le correspondió a La Guajira, se hizo la represa pensando en los empresarios del campo en detrimento de la sed de todo un pueblo y secuestraron las regalías para repartir la mermelada en toda la tostada de la nación, asegurando con plata el resultado electoral; entre otros variados aspectos.

Ejemplo de lo anterior el 30 de julio del 2014 en medios nacionales la entonces ministra de Ambiente, Luz Helena Sarmiento, aseguró que parte del desabastecimiento de agua en La Guajira obedece a una “torpe” planeación del gobierno del ex presidente Álvaro Uribe Vélez, refiriéndose a lo invertido en la Represa del Ranchería. En esta parte del rosario de culpas queda en evidencia más que los señalamientos, la prueba de que detrás de las decisiones que afectan a los territorios está el gobierno del interés privado y el lenguaje de poder del centro. La represa hoy le cuesta al estado más de 20 mil millones en mantenimiento anual, mientras las obras del distrito de riego llevan más de un lustro congeladas en el capricho intervencionista.

De esto no escapa el Plan Departamental de Aguas que se impuso por encima de todos los ejercicios prospectivos del departamento, para darle solución definitiva a los sistemas de provisión de agua potable de los municipios guajiros; encasillando las finanzas territoriales en una deuda onerosa  de 90 millones de dólares con los que se prometía lograr coberturas de servicios casi en su totalidad. Este año se debe empezar a pagar la deuda que se amparaba en parte en la solvencia que daban las regalías al gasto regional cuando se previeron las vigencias futuras. La realidad es que este negocio solo les dio réditos a los intermediarios y al tropel de contratistas, interventores y concesionarios que financian la democracia hecha agua en cada elección.  

Esta sin salida cuyo remedio es el propio veneno que ha vertido el gobierno en las regiones; es una reacción en cadena del mito de las regalías redentoras que se fueron esquilmando a manos de capos invisibles que siguen sin pagar sus pecados y que dieron origen a un nuevo régimen económico, en el que el gobierno en cabeza de la nación vuelve a concentrar el gasto público y a centralizar la planeación de la inversión del país que se había perdido, reconstruyendo un nuevo Estado social de derecho sobre el esqueleto mudo de la constitución del 91. Aquí sobra decir que la culpa también ha sido de la vaca que de tanto ser ordeñada se cansó de dar la leche.  


Si la gobernadora entrega las llaves de esta locomotora que aún no arranca, se perderá el último resquicio de autonomía fracasando de paso una generación de dirigentes en cuya capacidad recae haber permitido que La Guajira se convirtiera en el virreinato de la Provincia de Padilla. 

* Articulo publicado en la edicion del 30 de abril de 2016 de Diario del Norte y en el portal web Guajirapress.com

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