Angel Roys Mejía @Riohachaposible
Leo para disipar la tensión que
producen los días de crisis institucional en cada rincón de nuestra osamenta
social, al marqués de Sade, a quien se le atribuyen en la historia conductas
aberrantes y desviaciones perversas del ser humano que han dado origen a
patologías tratadas por sicólogos y siquiatras. Sin embargo, lo que encuentro
de particular en la novela Justine o las desventuras de la virtud,
es un tratado sobre la moral y la dualidad en la que se desenvuelve la sociedad
desde sus propios orígenes.
En un comunicado público el máximo
jerarca de la iglesia en La Guajira homologando al papa Francisco en su
decidida intervención en los asuntos públicos y de los gobiernos exhorta a los guajiros a desarmar los
espíritus y analizar objetivamente una propuesta de unidad y consenso para la
definición de un candidato único a la Gobernación. Todo lo anterior compartido
en los púlpitos y en medios masivos con la notoria feligresía de católicos que
existen en el departamento. Actúa la iglesia hoy bajo el amparo del dechado de
virtudes que posee Justine, que para su colmo se convierten en su peor desventura.
Justine es honesta, impoluta, transparente, noble e inocente; pero la sociedad
en que crece, se parece más a su hermana Juliette: corrompida, desleal,
clientelista, prevaricadora y proclive a todas las formas de delito que
aseguren a sus huestes y dirigentes un solvente lugar en el poder y en el gozo.
Con Julliette se siguen alinderando
los que mandan desde las cárceles, desde las inhabilidades, desde la mano negra de los
grupos de criminales, desde las mafias del narcotráfico, de quienes detentan
cargos de manejo de recursos públicos y los ponen al servicio de intereses
privados y de quienes se siguen enriqueciendo con desespero, aunque en los
momentos de crisis traten de fingir ser como Justine.
A los que vestidos de virtud vienen
hoy a aprovechar el desconcierto de la noche oscura, puede obrar como faro esta
propuesta de la iglesia. Unidad con 50 años de antecedentes repitiendo el mismo
modelo que se recrea en cada elección y que ha adornado con una dura coraza el
perfil idóneo del administrador público: debe tener plata no importa de donde venga,
debe andar en carro y escoltado así no tenga estudios y debe ser todo un tahúr con
lo ajeno que es lo público. Unidad de
estas pelambres es completamente contrario a la búsqueda de consenso que emana
del poder religioso, pero vestidos de Justine podrán fácilmente esconder las
cachas de sus pistolas en los hábitos y sotanas.
Este cuento de hadas donde siempre
triunfa el mal se ha apoderado de la realidad guajira como un vicio y tiene la
estructura de las pirámides modernas, aquellas donde se sepulta la tradición y
las buenas costumbres con un discurso cíclico que encadena voluntades ganando
simpatías con la falsa esperanza de llegar a la prosperidad si logras que otros
como tú se eslabonen. En esta fábula el vicio triunfa y la virtud es víctima,
arrasando la moral tradicional con el contenedor de hipocresía que comporta.
Me cuenta un cultor amigo que un
anciano sabio arribero, le narró la anécdota de un obispo que a plena luz del
día salía con un candil unas veces y con una lámpara en otras oportunidades,
mientras a su alrededor nadie se atrevía a indagar por el tamaño de su locura.
Un día, un forastero se le dio por preguntarle al Cura que pretendía iluminando
la luz a lo que este respondió furibundo: -¡Ando
buscando un justo!
Monseñor pueda ser y usted no esté
buscando la unidad, el consenso, la paz política, la magnanimidad, la sensatez,
la ecuanimidad y el futuro de la región en las faldas de Juliette.

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