miércoles, 22 de junio de 2016

El obispo o las desventuras de la virtud


Angel Roys Mejía @Riohachaposible


Leo para disipar la tensión que producen los días de crisis institucional en cada rincón de nuestra osamenta social, al marqués de Sade, a quien se le atribuyen en la historia conductas aberrantes y desviaciones perversas del ser humano que han dado origen a patologías tratadas por sicólogos y siquiatras. Sin embargo, lo que encuentro de particular en la novela Justine o las desventuras de la virtud, es un tratado sobre la moral y la dualidad en la que se desenvuelve la sociedad desde sus propios orígenes.

En un comunicado público el máximo jerarca de la iglesia en La Guajira homologando al papa Francisco en su decidida intervención en los asuntos públicos y de los gobiernos  exhorta a los guajiros a desarmar los espíritus y analizar objetivamente una propuesta de unidad y consenso para la definición de un candidato único a la Gobernación. Todo lo anterior compartido en los púlpitos y en medios masivos con la notoria feligresía de católicos que existen en el departamento. Actúa la iglesia hoy bajo el amparo del dechado de virtudes que posee Justine, que para su colmo se convierten en su peor desventura. Justine es honesta, impoluta, transparente, noble e inocente; pero la sociedad en que crece, se parece más a su hermana Juliette: corrompida, desleal, clientelista, prevaricadora y proclive a todas las formas de delito que aseguren a sus huestes y dirigentes un solvente lugar en el poder y en el gozo.

Con Julliette se siguen alinderando los que mandan desde las cárceles, desde las  inhabilidades, desde la mano negra de los grupos de criminales, desde las mafias del narcotráfico, de quienes detentan cargos de manejo de recursos públicos y los ponen al servicio de intereses privados y de quienes se siguen enriqueciendo con desespero, aunque en los momentos de crisis traten de fingir ser como Justine.

A los que vestidos de virtud vienen hoy a aprovechar el desconcierto de la noche oscura, puede obrar como faro esta propuesta de la iglesia. Unidad con 50 años de antecedentes repitiendo el mismo modelo que se recrea en cada elección y que ha adornado con una dura coraza el perfil idóneo del administrador público: debe tener plata no importa de donde venga, debe andar en carro y escoltado así no tenga estudios y debe ser todo un tahúr con lo ajeno que es lo público.  Unidad de estas pelambres es completamente contrario a la búsqueda de consenso que emana del poder religioso, pero vestidos de Justine podrán fácilmente esconder las cachas de sus pistolas en los hábitos y sotanas.
Este cuento de hadas donde siempre triunfa el mal se ha apoderado de la realidad guajira como un vicio y tiene la estructura de las pirámides modernas, aquellas donde se sepulta la tradición y las buenas costumbres con un discurso cíclico que encadena voluntades ganando simpatías con la falsa esperanza de llegar a la prosperidad si logras que otros como tú se eslabonen. En esta fábula el vicio triunfa y la virtud es víctima, arrasando la moral tradicional con el contenedor de hipocresía que comporta.

Me cuenta un cultor amigo que un anciano sabio arribero, le narró la anécdota de un obispo que a plena luz del día salía con un candil unas veces y con una lámpara en otras oportunidades, mientras a su alrededor nadie se atrevía a indagar por el tamaño de su locura. Un día, un forastero se le dio por preguntarle al Cura que pretendía iluminando la luz a lo que este respondió furibundo: -¡Ando buscando un justo! 

Monseñor pueda ser y usted no esté buscando la unidad, el consenso, la paz política, la magnanimidad, la sensatez, la ecuanimidad y el futuro de la región en las faldas de Juliette.

       Escrito publicado en el portal guajirapress.com  en el mes de junio y en la edicion del 23 de junio del Diario del Norte

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