viernes, 8 de julio de 2016

La noche de las luciernagas

Angel Roys Mejia @Riohachaposible


Desde los tiempos del Dividivi la sociedad guajira parece haber sido tinturada en un mismo lienzo: un encadenamiento del lenguaje mafioso que ha permeado instituciones públicas y espacios privados, una mentalidad dirigencial que ve la gerencia del estado como un “corone” y una posición política societal permisiva con los intereses destructivos provenientes de afuera y conjugados desde adentro.

Se señala el Dividivi por ser esta bonanza oportuna para la metáfora del tinte, pero las anteriores y las sobrevinientes, todas parecen tener la misma impronta. El docente investigador de la universidad de La Guajira, Alexis Carabalí Angola, plantea en el ensayo La Guajira Colombiana, una economía de bonanza, una deprimente retrospectiva en la que es fácil encontrar el ADN de la crisis actual en lo descrito en las conclusiones: “La tradición económica de bonanzas en La Guajira ha generado una men­talidad que retrasa los procesos de mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes debido a la red de clientelas que funcionan ante lo público con la misma lógica de las bonanzas.”  Por no decir, las mafias.

Siguiendo los planteamientos académicos de Carabalí: ... “los encadenamientos en la redistribución de los re­cursos públicos, en gran parte, aún se limitan a los grupos de poder y sus asociados marginando de los beneficios al grueso de la población guajira situación que se pone de presente en aspectos como la atención en salud, educación y servicios públicos.”   

Un discurso de poder que se ha incrustado en la genealogía de las familias guajiras y que resta toda posibilidad de éxito a caminos de pensamiento distintos a los que se cuecen al amparo del tradicionalismo político cultivador de una falsa polarización y creador de una seudo antología de fabulas sobre el centralismo perseguidor, los votos a parlamentarios por los clanes familiares de la costa, el logro del poder por medios electorales determinado por el dinero, etc. Originando una sociedad fragmentada en la que el individualismo y la incertidumbre se han convertido en una especie de vivencia básica y cotidiana.     

Hemos dado un salto con garrocha de una sociedad pre-moderna con profundos principios conservadores que fingen mantenerse, a unas nuevas ciudadanías con rasgos posmodernos y un ser humano plástico, permisivo, despersonalizado, desculturizado, irracional y alienado, entre otros apellidos pegados a esta esencia nueva y distinta del ser guajiro.

La mirada desde fuera que hace una caracterización de La Guajira con fuerza de cliché se soporta en un discurso literario con apologías definidas hacia las distintas transformaciones del contrabando y que fueron configurando un imaginario que descubrió un día 40 mil hectáreas de marihuana sembradas en esta tierra definiéndola como la plantación más grande del mundo y desde allí fueron pasando las páginas entre un asombro y otro. Entre tanto, los dólares que se convirtieron en el dinero circulante de la Sierra y el desierto a su vez produjeron una mutación de campesinos humildes en “capos” despilfarradores, y en estos tiempos ese mismo desorden del gasto se observa con admiración en el proceder de la clase política cuyo mensaje de diferenciación y poder se inscribe en lo suntuario y la opulencia.     


Esa noche de las luciérnagas que aún no cesa, que intentó ser la memoria de una época, contando sus pormenores, dibujando un momento de la historia de La Guajira, que también es el pasado del Caribe, ha estereotipado varias generaciones y por instantes se inscribe como modelo perverso obsesionado con hundir el presente como el mito de la hidra de Lerna, monstruo despiadado en forma de serpiente de mil cabezas que poseía la virtud de regenerarse.     

Escrito publicado en la edición de Julio de la Revista Gacela

2 comentarios:

  1. Me resulta este escrito cual vallenato viejo ... la radiografía de la tierra, que en manos de cualquiera es un papel que hace mucha bulla, pero en manos de un especialista es información del más puro valor... diagnóstico que ante lo escaso del tratamiento se vuelve motor de la artista impotencia.

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  2. Me resulta este escrito cual vallenato viejo ... la radiografía de la tierra, que en manos de cualquiera es un papel que hace mucha bulla, pero en manos de un especialista es información del más puro valor... diagnóstico que ante lo escaso del tratamiento se vuelve motor de la artista impotencia.

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