Angel
Roys Mejia @Riohachaposible
Desde
los tiempos del Dividivi la sociedad guajira parece haber sido tinturada en un
mismo lienzo: un encadenamiento del lenguaje mafioso que ha permeado
instituciones públicas y espacios privados, una mentalidad dirigencial que ve
la gerencia del estado como un “corone” y una posición política societal
permisiva con los intereses destructivos provenientes de afuera y conjugados
desde adentro.
Se señala
el Dividivi por ser esta bonanza oportuna para la metáfora del tinte, pero las
anteriores y las sobrevinientes, todas parecen tener la misma impronta. El
docente investigador de la universidad de La Guajira, Alexis Carabalí Angola,
plantea en el ensayo La Guajira
Colombiana, una economía de bonanza, una deprimente retrospectiva en la que
es fácil encontrar el ADN de la crisis actual en lo descrito en las
conclusiones: “La tradición económica de bonanzas en La Guajira ha generado una
mentalidad que retrasa los procesos de mejoramiento de la calidad de vida de
los habitantes debido a la red de clientelas que funcionan ante lo público con
la misma lógica de las bonanzas.” Por no
decir, las mafias.
Siguiendo
los planteamientos académicos de Carabalí: ... “los encadenamientos en la
redistribución de los recursos públicos, en gran parte, aún se limitan a los
grupos de poder y sus asociados marginando de los beneficios al grueso de la
población guajira situación que se pone de presente en aspectos como la
atención en salud, educación y servicios públicos.”
Un
discurso de poder que se ha incrustado en la genealogía de las familias
guajiras y que resta toda posibilidad de éxito a caminos de pensamiento distintos
a los que se cuecen al amparo del tradicionalismo político cultivador de una
falsa polarización y creador de una seudo antología de fabulas sobre el
centralismo perseguidor, los votos a parlamentarios por los clanes familiares
de la costa, el logro del poder por medios electorales determinado por el
dinero, etc. Originando una sociedad fragmentada en la que el individualismo y
la incertidumbre se han convertido en una especie de vivencia básica y
cotidiana.
Hemos
dado un salto con garrocha de una sociedad pre-moderna con profundos principios
conservadores que fingen mantenerse, a unas nuevas ciudadanías con rasgos
posmodernos y un ser humano plástico, permisivo, despersonalizado,
desculturizado, irracional y alienado, entre otros apellidos pegados a esta
esencia nueva y distinta del ser guajiro.
La
mirada desde fuera que hace una caracterización de La Guajira con fuerza de
cliché se soporta en un discurso literario con apologías definidas hacia las
distintas transformaciones del contrabando y que fueron configurando un
imaginario que descubrió un día 40 mil hectáreas de marihuana sembradas en esta
tierra definiéndola como la plantación más grande del mundo y desde allí fueron
pasando las páginas entre un asombro y otro. Entre tanto, los dólares que se
convirtieron en el dinero circulante de la Sierra y el desierto a su vez
produjeron una mutación de campesinos humildes en “capos” despilfarradores, y
en estos tiempos ese mismo desorden del gasto se observa con admiración en el
proceder de la clase política cuyo mensaje de diferenciación y poder se
inscribe en lo suntuario y la opulencia.
Esa noche de las luciérnagas
que aún no cesa, que intentó ser la memoria de una época, contando sus
pormenores, dibujando un momento de la historia de La Guajira, que también es
el pasado del Caribe, ha estereotipado varias generaciones y por instantes se
inscribe como modelo perverso obsesionado con hundir el presente como el mito
de la hidra de Lerna, monstruo despiadado en forma de serpiente de mil cabezas
que poseía la virtud de regenerarse.
Escrito publicado en la edición de Julio de la Revista Gacela

Me resulta este escrito cual vallenato viejo ... la radiografía de la tierra, que en manos de cualquiera es un papel que hace mucha bulla, pero en manos de un especialista es información del más puro valor... diagnóstico que ante lo escaso del tratamiento se vuelve motor de la artista impotencia.
ResponderEliminarMe resulta este escrito cual vallenato viejo ... la radiografía de la tierra, que en manos de cualquiera es un papel que hace mucha bulla, pero en manos de un especialista es información del más puro valor... diagnóstico que ante lo escaso del tratamiento se vuelve motor de la artista impotencia.
ResponderEliminar