@Riohachaposible
Con la salida de la
gobernadora por las razones que todo el pueblo de La Guajira conoce pero que
cada quien digiere como menos le hace daño se ha formado un verdadero
cataclismo disfrazado en los memes, estados de facebook, cadenas de wasap y
demás formas virales virtuales de propagación de infundios, que han hecho que
la verdad hoy padezca de hipertensión.
El término usado para
titular este escrito proviene del inglés ''pay all'', significa, palabras
más palabras menos, pagar para que una canción se transmita por la radio varias
veces al día. Una práctica perversa que consiste en que una disquera o el
manejador de un artista le pasa plata por debajo de cuerda a una emisora o a un
locutor para que una canción sea programada y difundida hasta el cansancio.
De payola en payola hemos
vivido al vaivén del capricho de unos primos que con calculadora en mano unas
veces se ponen de acuerdo y otras se disgustan en la historia política reciente
de la península. Pero su abolengo es heredado de la confrontación conservadora
– liberal que por años se alternaron el sartén de la “costra” política nuestra.
A las horas de conocido el
fallo con un oportunismo ramplón varios payolazos se activaron empezando a
posicionar un nuevo sainete con protagonistas curtidos que se encubrieron en
las banderas de defender lo propio, en contra de las afrentas del centralismo
cachaco e incluso al amparo de un discurso autonómico. Un rio revuelto para
llenar el cesto de peces cuyos ojos parecen haber sido cerrados para comprender
el tramposo juego propuesto desde los cimientos mismos de la
departamentalización de La Guajira.
Los principios en que han
fundado la institucionalización de la payola han carecido justamente de
principios. Se ha pretendido tomar el macondizado universo de la burocracia y
gestión pública del caribe y construir una especie de oxímoron, figura retórica
que embellece la literatura empleando dos conceptos opuestos haciendo parte de
una misma idea. Es decir, hemos pretendido sustentar que el ejemplo que se debe
imitar es el del centro del país, donde los dirigentes roban, pero hacen.
Absurdo que toda una sociedad justifique con su decisión, el anquilosamiento de
sus líderes en un modelo de administrar lo público en los linderos de la
cleptocracia.
En la decisión del
presidente de enviar un paisa con “carácter”, como encargado para la
Gobernación de La Guajira existe un preciso ejercicio de cálculo. Con el interevencionismo indiscriminado de lo
actuado se neutraliza la presión política de los dirigentes dueños actuales del
poder local, al cambiar su posición de regentes de lo público a cuestionados
por su actuación con dineros públicos, se rompe la lógica de alianzas de reparto
del poder, se genera un cisma al interior del partido dueño del aval y se da
paso a un gobierno transitorio blindado disciplinaria, presupuestal y fiscalmente por el gobierno
central. Todo ello por demás necesario para el restablecimiento de la institucionalidad
sin el ruido de una dirigencia obligada a regenerarse.
La payola que en un comienzo
empezó a engrasar la maquinaria para una nueva fiesta electoral del chivo,
tendrá que esperar. Pasará tiempo suficiente, para que este gerente que ya
había sido anunciado ponga en orden nuestra casa para el propósito nacional.
Escrito publicado en la edición del 15
de julio de Diario del Norte

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