Por estos días en que se han
acumulado las movilizaciones de diversos sectores de la sociedad representados
en los mototaxistas y los trabajadores del aseo urbano, unos por el
incumplimiento de acuerdos populistas promovidos en campaña y otros porque les
han tocado sus bolsillos al no pagarle a tiempo sus mesadas, denota la ruptura
de la luna de miel con esta administración que aún no comienza, que no muestra
su norte y de la cual es difícil inferir el perfil de ciudad que cabe en la
cabeza del inexperto alcalde elegido para este periodo.
Un gabinete inconsistente
sacudido caprichosamente por los estados de ánimo del mandatario refleja un
gobierno inestable que le ha costado tomar el pulso a la ciudad en lo político
y en lo administrativo. De la línea de partida arrancó con una coalición sólida
en el cabildo distrital confiada en el fortalecimiento que apuntala la
aprobación de las facultades y el respaldo a las decisiones de la
administración, pero que duró la brevedad de un suspiro y sucumbió ante la
inminente falta de tacto, tino y corresponsabilidad del alcalde.
Mientras la administración
departamental no arrancaba por la oscuridad que se cernía sobre la suerte de la
mandataria en razón a las demandas que dieron al traste con su posición, la
administración local por su parte, aun sin plan de desarrollo, comprometía el
40 por ciento de su presupuesto y ejecutaba los compromisos con la urgencia de
quien lleva prisa, pero no tiene rumbo.
Entre tanto Riohacha, una
ciudad con memoria y pasado, llena de símbolos, sigue creciendo al arbitrio de
lo privado, que fija áreas de interés y construcción prioritario, del trazado
del espacio público sobre el que se sigue edificando el negocio particular, de
la movilidad que hace colapsar el tránsito en las horas pico, del desgañite de
sus casas viejas y patrimoniales, y otros males menores y mayores.
Hoy solo él, tiene la culpa
del mal mensaje que da a la ciudadanía las constantes confrontaciones con el
cabildo y la movilización de gremios inconformes que legitimaron su elección.
El cambio de nombre y de apellido que pesa actualmente sobre Riohacha, exige
mandatarios con visión, con un plan, con actitud gerencial y con la mayor
disposición para liderar a la ciudad y a la ciudadanía hacia la ruta del
desarrollo.
Pero, Fabio Velásquez
resultó ser un hombre de púlpito, pero sin pálpito al que le ha costado sobreponerse
al egocéntrico discurso del poder, cuya gestión se soporta en los resultados
indiscutibles de la primera gestora del distrito, quien si ha logrado
capitalizar desde su visión y empoderamiento político la vice presidencia
nacional de Asodamas (asociación de Primeras Damas de Colombia) y responder a
la infinidad de compromisos sociales recogidos en la larga campaña
proselitista. A ella le debe en gran parte, que su imagen no se haya reventado
contra el suelo, como los chalecos de los mototaxistas.
Pero como dice Italo Calvino
en Ciudades invisibles, la ciudad no dice su pasado, lo contiene como las
líneas de una mano. Las ciudades invisibles son un sueño que nace del corazón
de las ciudades invivibles, así se expresa el momento de crisis de la vida urbana.
Entre tanto, Fabio el
invencible de la “Naranja Mecánica”, aquel que movió a todo un pueblo con fe y
sin ella, solo le ha bastado un semestre para volverse invisible.
Escrito publicado en el portal web Guajira.press y en Diario del Norte en el mes de Agosto de 2016

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