martes, 27 de septiembre de 2016

Los rostros del SiNo

@Riohachaposible Angel Roys Mejia


Los rostros de líderes de barrios, soldados de las batallas libradas en el presente y pasado electoral de La Guajira;  cicerones que le han puesto el pecho al fraude, que han soportado en sus hombros el enriquecimiento doloso de sus dirigentes siguen siendo las caras que se ven en cada convocatoria de la avalancha movilizadora del Sí. En el No existen también, aunque resguardados en el casi anonimato por la desigual composición de los comités promotores que van de 10 a 1.

El plebiscito, una decisión que involucra a todo el pueblo colombiano tiene particulares ribetes en La Guajira. Coincide con la convocatoria a elecciones atípicas en medio de la peor crisis de valoración de lo público mientras comisiones de fiscales hurgan en los contratos y sobre lo actuado por funcionarios como si la cueva de Rolando en que se ha convertido Colombia se distrajera y diluyera en el “circo Romano” que es La Guajira para el país.

Pero tú tranquilo. Aquí habrá elecciones y la competencia por la suerte de “baloto” que es La Gobernación se disputará entre los sectores que más logren suscribir acuerdos económicos con los alfiles dignos de la fe comunitaria resolviendo individualidades a través de fórmulas médicas, cemento y todo tipo de calamidades que se visibilizan en cada certamen electoral. Allí se agota el descontento por la clase política, se sepulta bajo la seducción de una Toyota Prado y se mueve en una Coopetrana. Todo quedará nuevamente consumado y durante el tiempo que resta, en cada esquina, en las bancas de los parques y en el hambre secular que no da espera se seguirá rumiando la utopía, que tiene la propiedad de camuflarse cada vez que ve un billete sonreírle desde una mochila.

Los Ñoños, los Char, los Gerlein y por supuesto los Jorges están convencidos de convencer a sus huestes por el Sí, mientras les permitan seguir reinando en los corazones de los pies descalzos.  Sin embargo, el Si tiene ese carácter del colombiano que le ha permitido reivindicarse a sí mismo, sobreponiéndose al interés del presidente de untar su vapuleada imagen del pundonor de la patria y de no mancillarse con la mermelada que extravió los escrúpulos de los prohombres de provincia entre el “chocorazo” de Padilla y la elección de la primera mujer gobernadora de estas tierras.

A ella, que mantiene el alma en vilo por una tutela, se le vio posar con un banner de Si a la Paz antes de que el Consejo de Estado ratificara su fallo y diluyera como agua en las manos el último resquicio de su ilusión. Pero este Si a la Paz que resiste estoico los embates del Uribismo tiene los callos bien puestos para no inmolarse con la tropelía del oportunismo, para no desteñir el tricolor que se posa en cada frente como un miércoles de ceniza estable y permanente.

El voto plesbicitario es un acto de conciencia histórica. Las elecciones de noviembre un  burdo negocio. El voto será más caro desde luego, la crisis en vez de cuestionar los cimientos del sistema, ha obrado como cotizador perverso del valor del sufragio. Las esclusas presupuestales de la gobernación que dinamizan tantos sectores, este año han estado cerradas golpeando el ingreso de familias enteras, bajo la premisa de un arriero paisa que vino a resolver el hambre sembrando penurias. La respuesta mecánica y libreteada de la clase política local es polarizar el hambre para ver quién puede sacar mayores dividendos. Esto no alcanzará a resolverse con el plesbicito, pero permitirá seguir soñando con que algún día la voluntad colectiva se apropie de su sino.       

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