@Riohachaposible Angel Roys Mejia *
De paso a la zona de
reagrupamiento de las Farc en la Ye de las Marimondas, área rural de Conejo en
jurisdicción del municipio sureño de Fonseca en La Guajira, contrastan los
letreros de la ideología desteñida del movimiento político regional conocido
como el FUL (Fuerza Unida Liberal) de los años 80´s empotrados en las bancas
del parque y la explosión de murales y letreros de colores de la paz que la
comunidad junto a los desmovilizados ha venido dibujando en las paredes de este
corregimiento con nombre de liebre.
Unos 6 kilómetros en
carretera escarpada conducen a este paraje veredal donde se había establecido
provisionalmente el campamento del Frente 59 de las Farc que lleva años
haciendo de las montañas del Perijá un centro de operaciones de guerra. Allá
fuimos a dar buscando rostros y testimonios del conflicto bélico mas antiguo
del planeta, no libres por supuesto, del veneno de años del lenguaje mediático
cargado de adjetivos furiosos.
Un dueño de finca vecino del
predio en el que se ha establecido el campamento de transición explica que el
nombre de Marimonda corresponde a los monos araña que abundan por la región y
que según cuenta tienen la propiedad de mostrar la sangre a su agresor cuando
son heridos. Una buena metáfora para las victimas que han derramado su sangre
en esta confrontación fratricida.
Luego de ser anotados en la
entrada en un formato de registro ingresamos al acantonamiento en el que se
aprecia en primer lugar un área de labores con siete bateas en la que hombres y
mujeres en ropa interior se dedicaban por turnos al lavado de su ropa. Permite deducir el
orden y respeto que se profesan como parte de una convivencia signada por la
hermandad.
A unos 50 metros habilitaron
una cancha múltiple para la práctica de voleibol y microfútbol, disciplinas en
las que se ejercitan en equipos mixtos y
cuyo fundamento es el estimulo al pensamiento colectivo y colaborativo. Fuimos llevados a un costado de la cancha, a
una especie de oficina en descampado con sillas, extensiones para la carga de
equipos de computación y celulares y una carpa en polisombra para amortiguar el
fuerte sol. Allí fuimos atendidos por el “profesor” en cuyo acento se descubre
un hombre de páramo con la cuenta perdida de los años que lleva sosteniendo la
ideología rebelde con las armas.
Prima en su extensa
disertación una profunda desconfianza a que el gobierno cumpla con lo
consignado en los acuerdos, pero a pesar del camuflado y las botas se infiere
el estoicismo con el que abrigan el cambio de la lucha armada por la
organización política de las comunidades para obtener a través de las urnas
gobiernos mas justos que superen las profundas desigualdades sociales. La
disposición del adoctrinamiento del profesor se interrumpe a la 1:20 por el
anuncio del almuerzo.
Allí mismo donde estamos,
llegan unas bandejas con platos de peltre que descubren el menú austero de
arroz de sardina milimétricamente porcionado, yuca, ensalada de tomate y
cebolla y agua de panela.
Escuchamos las noticias
durante la comida, atentos al anuncio del gobierno sobre la infraestructura
básica comprometida en la Zona Veredal de los Pondores que recibirá a los
desmovilizados en la siguiente etapa de implementación de los acuerdos,
dejación de las armas y reincorporación.
Justo a 10 días y a 10 kilómetros de la marcha final y el adiós a las
marimondas, existe una tensa desconfianza sobre el cronograma y el cumplimiento
del gobierno.
Luego de la comida somos
invitados a hacer la digestión con una visita guiada al resto del campamento
instalado, para lo cual nos encomiendan la compañía de una joven wayuu que cumple
10 años en la guerrilla. “Daysi” nos guía a un espacio más íntimo donde están
dispuestos los cambuches construidos y adecuados por sus propias manos, que
reflejan la personalidad de cada combatiente.
En el dormitorio de uno de los voceros, el orden y el aseo son notorios.
Sobre una caja usada como escritorio reposa el libro del periodista Jorge
Enrique Botero titulado El Hombre de Hierro – Simón Trinidad, biografía del
jefe guerrillero oriundo del cesar, que cumple sentencia de 60 años en el
cementerio de los vivos, como llaman al penal de Florence, Colorado en los
Estados Unidos, donde fue extraditado en el 2003.
Mientras somos conducidos en
la visita guiada, un breve paneo del campamento deja apreciar en el terreno la
anécdota contada por el “camarada” anfitrión sobre las mascotas que acompañan a
los miembros del Bloque Caribe Martín Caballero del frente 59 de las Farc.
Perros en particular, en cuyo cuidado se nota el esmero y la franca conciencia
animalista. La mayoría donados por finqueros solidarios con la causa.
La anécdota hacia alusión a
un consejo de grupo que se tuvo que realizar con ocasión de resolver un
conflicto interno provocado por la tenencia de un ñeque, roedor de tamaño
similar a un conejo, que había sido obsequiado en una finca a un militante.
Pero el animalito se especializó en roer cuanto cable encontraba a su paso
destrozando cargadores de celulares y computadores convirtiéndose en una
molestia verdadera afectando la convivencia. La decisión impuesta a su
protector, fue la de liberarlo a su suerte en el descampado.
Preguntamos por los murales
en el pueblo y nos conducen al dormitorio de la artista cuya firma que figura
en la propuesta plástica es Inti Maleigua, un collage de imágenes que
grafican los hitos del pasado y presente
de la guerrilla mas antigua de américa y el discurso estético de la lucha
armada.
Organizaciones civiles,
lideres sociales y políticos, centros académicos como las Universidades del
Norte y del Atlántico han estado en la zona indagando sobre este proceso que concita
el interés de todo el país y constituye el hecho mas significativo para la
historia de Colombia en las ultimas décadas. Esperan sin embargo, que la
Universidad de La Guajira como principal institución de educación superior de
la región oriente su interés hacia el proceso de implementación de los acuerdos
aportando en materia de investigación y desarrollo académico.
Mientras el país que vive en
los medios recrea una polarización política por sectores que mutuamente se
señalan de desbaratar mediante artimañas y robos las instituciones y sus arcas;
en los rostros de la guerrilla cicatrizan el odio, el acoso del monte y las
balas y la condena de vivir lejos de sus familias por defender una ideología
con un modelo de país mas incluyente.
Hoy que amarran sus botas
con la mirada puesta en el horizonte para decirle adiós a la Ye de las
marimondas piensan en un camino de regreso pero para sembrar de paz los campos
y montañas, asegurar su productividad y convencer a sus habitantes de que la
vía política es posible.
Articulo publicado en Diario del Norte y en el portal web Guajirapress. Serie Crónicas Urbanas (1)

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