Hace 30 años a orillas de la
playa, a la altura de la desembocadura portátil del riito, frente a la Divina
Pastora, se alternaban los jóvenes el horario de Educación física para surtir
los depósitos de agua del colegio para las labores varias, mientras los
cangrejos salían presurosos en esa danza extraña cuando corren como si
avanzaran yendo para atrás. Evoco el pasado reciente para connotar el tiempo
que ha pasado intentando resolver el problema de agua la ciudad.
Ocupan estas líneas analizar
las casi tres décadas de la implementación de la elección popular de alcaldes y
el resultado de la gestión de los mandatarios en el desarrollo del hoy distrito
capital de Riohacha. En un principio, lo que correspondió a la primera década,
quienes mandaron se ocuparon de gastar mas de lo que el municipio percibía por
ingresos propios y transferencias acumulando deuda hasta niveles impagables. El
estado en consecuencia implementó normas de ajuste fiscal y a Riohacha le
correspondió el ingreso a la segunda década obligada en un acuerdo de
reestructuración de pasivos, es decir una intervención de sus finanzas en favor
del saneamiento fiscal.
A finales de los 80´s el
presupuesto municipal para atender algo menos de 100 mil habitantes era de unos
5 mil millones de pesos que se diluían como agua en las manos de la burocracia;
la deuda alcanzó el techo de 50 mil millones de pesos, finalizando el siglo.
Mientras se entretenían en
el juego del poder con los rubros escasos del presupuesto público, fueron
malbaratando los servicios a cargo del municipio en la feria de las concesiones
entregando en negocios privados funciones esenciales públicas como el
alumbrado, el agua, el aseo, el mercado, el matadero y el terminal. Los
ciudadanos con el estoicismo de los venerados por la Virgen de Los Remedios
compraban el agua a carrotanques, adecuaban albercas, silvaban a los burritos
del aseo al mismo tiempo que el salitre acababa con los carros compactadores
comprados con los recursos de todos.
Con el fin del milenio se
estrenaban los mandatos de Hernando
Deluque en la Gobernación y de Yolima Carrillo en la alcaldía y se concretó el
inicio de las obras para la construcción de la laguna de oxidación, a pesar de
la resolución de los gobernantes, con giro de anticipo y todo, la obra se
estancó en las negociaciones de la consulta previa y ya lleva paralizada mas de
10 años.
En 1979 los hermanos Zuleta
en el trabajo discográfico de ese año titulado Dinastía y Folclor incluyeron un
tema en homenaje a la capital guajira donde se destaca lo progresista con que
se insinuaba la ciudad con los edificios modernos construidos a expensas de la
bonanza marimbera, como en ese entonces y ahora, la inversión privada es la que
le da el rostro de apariencia a la ciudad de Padilla. Dos centros comerciales y
una megatienda ubicados sobre el paso de la troncal del caribe, comulgan con el
estribillo del clásico vallenato.
Pero el indicador más
relevante en lo político de la eterna danza de los cangrejos, en el aniversario
de las bodas de perla, es la imposibilidad continuista de todos los alcaldes
elegidos, a excepción de Jaider Curiel,
quien respaldó a Rafael Ceballos en las elecciones de 2011. Todos a una, han condenado a la derrota con
sus respaldos a quienes han intentado sucederlos.
El municipio luego de tres
décadas logra erigirse con la investidura de distrito pero con la tarea del
desarrollo casi intacta. Ninguno de sus corregimientos goza de sistemas de agua
potable y alcantarillado óptimos y hacia donde está orientado el polo de
crecimiento urbano más complejo que es la comuna 10, el 90 por ciento de sus barrios carecen de
saneamiento básico.
Entre tanto, los cangrejos en la playa siguen danzando
como burlándose, y evitando las orillas del mar contaminado gradualmente por el
vertimiento ofensivo de aguas residuales. En medio de esta crisis institucional
profunda quisiera no sonar tan pesimista, pero las cifras y la realidad impiden
que haga literatura de ficción.
Articulo publicado en el portal web Guajirapress.com y en Diario del Norte en el mes de marzo de 2017

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