Eunice * es madre cabeza de familia y es propietaria
de una peluquería, sostén de su hogar. Los compromisos acumulados del inicio
del año con matrículas, textos y uniformes hacen colapsar sus ingresos,
disminuidos por los pocos clientes que llegan para esta época. Situación que la
obliga a solicitar el “apoyo” de los señores de la moto.
Pedro* vendedor de tintos en el transporte ha notado
que el negocio marcha bien por lo que estima ampliar el plante con otros
productos y un carrito adicional, pero no dispone del dinero suficiente para su
iniciativa. Acude a través de un amigo al “pagadiario”, sin mayores trámites,
obtiene el préstamo que necesita.
Juan * arquitecto de profesión está participando en
varias licitaciones, pero su hija estudia por fuera y el semestre no espera
para iniciar el ciclo académico, lo que le impone acudir a un préstamo rápido y
fácil que le dé tiempo para pagarlo. Entre tanto la cuota diaria la asumirá su
mujer a través del almacén de variedades que funciona en su propia casa.
Las historias anteriores con nombres ficticios son
el resultado de una discusión habitual en las esquinas de cualquier ciudad de
Colombia, pero con especial incidencia en Riohacha y en toda la costa. Si el
sector público, la minería y el turismo no son determinantes de la economía
local. ¿Cómo subsisten familias de escasos recursos y con que fuentes mueven
sus plantes?
En estos dineros de dudosa proveniencia es probable que este la
respuesta.
Según el catedrático y columnista Andrés Preciado “Hablar
de economías criminales es aceptar que hay zonas de las transacciones
comerciales donde lo legal, lo ilegal y lo formal se mezclan sin lograr dejar
clara su diferencia entre ellos”. Sumada a la desatención del estado que en su
agenda oculta observa el fenómeno como un paliativo para evitar la
profundización de la crisis y el agravamiento de las condiciones de miseria de
los sectores más amplios de la sociedad, tradicionalmente olvidados por las
políticas públicas.
En el caso de Riohacha una alianza promovida por la
Usaid y la Fupad en asocio con el Ministerio de Trabajo elaboraron en el 2012
el denominado Plan Local de Empleo – PLE “Por una Riohacha Prospera e Inclusiva”
que refiere a indicadores que evidencian condiciones sociales y económicas
adecuadas para la consolidación del fenómeno del “Gota a Gota” o “Pagadiario”
sino se procura una urgente intervención del estado.
En el diagnostico el documento plantea que "la
estructura productiva del municipio de Riohacha conjuga la economía tradicional
indígena, con la existencia de un elevado conjunto de empresas unipersonales y
microempresas de subsistencia. Esta situación es la representación de los
limitados encadenamientos que tiene la producción y la economía de enclave del
sector minero con el resto de la actividad económica de la ciudad y la
región." Este escenario es más precario aun cuando al interior de las
cifras el panorama se vislumbra desolador, en una capital con más de 230 mil
habitantes y con un promedio de 20 mil ciudadanos en capacidad productiva pero
sin reales oportunidades en el campo laboral.
Señala el PLE que "La mayoría de esta población
se dedica a trabajos informales como coteros, ayudantes de albañilería,
mecánicos, vendedores de verduras, recicladores, etc. Estas familias presentan
hacinamiento en sus viviendas, poseen núcleos familiares numerosos y sus
niveles de ingresos económicos son deficientes para disminuir los indicadores
de pobreza."
En los etéreos planes de desarrollo departamental y
municipal las promesas contenidas que indiquen una esperanza para quienes
sobreviven a la carencia de oportunidades no se encuentran caminos que señalen
que en este periodo la prosperidad tendrá más sentido que en el simple
discurso. Los documentos abundan en términos como emprendimiento, empresarismo,
primer empleo, locomotoras, desarrollo agrario y en las metas concretas del PDM
de Riohacha, solo se prometen 500 nuevos empleos como resultado de la estrategia
rural.
En los rostros de Eunice, Pedro, Juan y del “pimpinero”
que la inestabilidad del precio de la gasolina lo obligó a buscar una “ayudita”
se ve la angustia diaria del “dulce” 20 por ciento y en el temerario casco del
parrillero que cumple con su deber la resolución de cumplir con su oficio sin
contemplaciones.
Entre tanto la “locomotora” que seguirá moviendo la economía
para tranquilidad de los gobiernos llegará gota a gota así sea con sangre.

Interesante este artículo. Toca un tema de gran vigencia, teniendo en cuenta la falta de oferta laboral en nuestro departamento. A propósito de esta nota,ss necesario que los gobiernos local, departamental y nacional implementen estrategias y políticas que permitan dinamizar la economía guajira, para lograr un desarrollo sostenible y el bienestar social a esta comunidad.
ResponderEliminarFelicitaciones Angel. Muy acertada esta publicación.
Estas historias las propicia las politicas economicas de ultraderecha, y como faro a estas embarcaciones (paises) las políticas economicas del FMI, Colombia es un pais con una economía solida y diversificada, y en donde esta el dinero? el que es emanado por la comercialización del petroleo y el carbón "del pueblo", están en 14 bolsillos de las familias mas influyentes de este país, y el colectivo que? el FMI internacional es como el pago diario no perdona y toma la mayor parte del pastel, es socio capitalista ganándose el porcentaje tamaño elefante y nunca pierde, no hay estrategias políticas que valga con un Estado raquítico o débil económicamente, en Venezuela el Estado es poderoso y tiene como invertir en lo social aquí el Estado es débil y la economía es fortalecida pero son 14 bolsillos los que se llenan y el Estado se conforma con que el sector productivo privado genere empleo y que pague al obrero un pirrico salario, no hay voluntad!
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